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En algún lugar del régimen, sobre el perímetro que condensa las atribuciones del poder, existe una atmósfera repelente que excluye cualquier atisbo de la realidad; por eso, dentro de la burbuja presidencial, los motivos más contundentes en la toma de decisiones, son la comunión de intereses y el apoyo incondicional…

 

            Los adjetivos que califican y describen a un régimen suelen asignarse en función de las acciones gubernamentales emprendidas, de sus resultados y de los ajustes y reacciones correctivas. En esa lógica, la actuación de Felipe Calderón como mandatario podría describirse como la institucionalización de un compacto círculo de amistades incondicionales, como la oficialización de la impunidad.

 

            A cien días del Acuerdo Nacional para la Seguridad, el único resultado obvio es la desesperanza generalmente compartida: los reclamos públicos de Fernando Martí, Nelson Vargas e Isabel Miranda de Wallace, son la ínfima proporción de todos los secuestros que se cometen en el país; los tres padres de familia, como valerosos denunciantes, conforman un porcentaje microscópico de todos los ciudadanos afectados y  las familias ultrajadas por el secuestro.

 

            Existen más de mil familias en el quebranto moral por las aborrecibles consecuencias del secuestro, pero esa inmensa mayoría no dispone de los recursos para  denunciar públicamente la negligencia de las autoridades. Y aún peor, los tres niveles de gobierno aluden a la denuncia ciudadana como el mecanismo para reducir la criminalidad, pero evaden la cifra negra, ese doloroso porcentaje de los casos no denunciados por la desconfianza en las corporaciones policiacas.

 

            Entre los resultados presentados por el gobierno federal, sobresalen las detenciones de líderes de los cárteles del narcotráfico, desviando deliberadamente la atención hacia esta manifestación de la criminalidad, a la que se han adjudicado todas las culpas y el móvil de todos los delitos.

 

            Pero el índice oficial de la eficiencia en la lucha contra la delincuencia excluye las evidencias de corrupción que involucran a los colaboradores de Felipe Calderón, amigos e incondicionales, como Juan Camilo Mouriño, el fallecido Secretario de Gobernación, y Genaro García Luna, actual Secretario de Seguridad Pública.

 

            Fernando Martí fue contundente cuando lanzó el dilema: o cumplen o renuncian; Nelson Vargas exhibió la podredumbre en las instancias encargadas de la investigación de los delitos; Isabel Miranda de Wallace indicó que “México Unido Contra la Delincuencia” -organismo infiltrado y cooptado por el propio Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública-  monopoliza la información sobre los casos de inseguridad en el país.

 

            Las denuncias, ciudadanas y públicas, terminarán en el cajón de los olvidos, como las cartas de Javier Herrera Valles, ex comisionado de la Policía Federal Preventiva que señaló las anomalías en la Secretaría de Seguridad Pública, ahora sujeto a arraigo.

 

            Es evidente que el criterio rector en el calderonismo es el apoyo incondicional a los incondicionales y que la impunidad es el único adjetivo para describir lo indescriptible; es obvia la existencia de esa atmósfera que repele y excluye cualquier atisbo de la realidad, porque en esa burbuja presidencial, la justicia y la paz social se postergan por  la comunión de intereses y el apoyo incondicional…    

 

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En algún lugar de la desventura, cuando se percibe una esperanza en el porvenir, justamente en el horizonte de las expectativas, las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

 

Las albricias del triunfo electoral de Barak Obama provocaron el júbilo multitudinario porque llevaban implícito un mensaje de esperanza y reivindicación a las minorías y a los grupos marginados. En todos los rincones de la desventura se anunció el primer gran retroceso de la discriminación y del racismo en el bastión de la xenofobia.

 

El próximo presidente de Norteamérica es la manifestación tangible del sueño americano, la encarnación del anhelo de miles de migrantes que buscan un porvenir mejor en ese país. Sin embargo, todos los asuntos relacionados con las fronteras y los trabajadores migratorios fueron excluidos de los debates y de los discursos durante el proselitismo. 

 

La tendencia de Obama como candidato inició como una respuesta a los reclamos de los familiares de los soldados en Irak,  prometiendo un cambio a los grupos vulnerables, a las minorías marginadas y al sector flagelado por el desempleo y la crisis  hipotecaria. Pero gradualmente, las propuestas se suavizaron conforme la candidatura adquiría fuerza, fondos y simpatizantes. Por eso ahora, ante el umbral del imperio, es imprescindible que Obama incluya en su discurso y en su agenda la reivindicación de la estirpe que lo llevó a la cima del poder.

 

El voto y la simpatía del sector hispano fueron determinantes en el resultado de los comicios del 4 de noviembre: he ahí la razón y la fuerza del proyecto de una reforma migratoria integral que presentará a Obama la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero, cuya propuesta no consiste en la regularización de los ilegales en Estados Unidos, sino en institucionalizar la migración, y eliminar la persecución y la criminalización de los trabajadores migrantes.

 

Este mensaje llegó a Mexicali con la visita de  Alan A. Benjamin, coordinador de The Organizer, periódico afín al Acuerdo Internacional de los Trabajadores y los Pueblos (AITP), y Al Rojas, representante del Frente de Mexicanos en el Exterior, quienes participaron en la Segunda Conferencia Binacional “Globalización Migración/Inmigración” en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), y asistieron a una Mesa de Redacción en el periódico la Crónica de BC.

 

Como representantes de los trabajadores extranjeros en Norteamérica expusieron que aún predominan la explotación y la discriminación, el racismo y el abuso,  el incumplimiento de las prestaciones elementales, y que estas circunstancias se extienden a los convenios conocidos como “Programa de Trabajadores Huéspedes”.

 

Explicaron que el deterioro de las condiciones de trabajo, incluso el fallecimiento durante las jornadas en el campo, son algunas de las consecuencias del pacto entre la Unión de Trabajadores del Campo (United Farm Workers),  el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y los empresarios del sector agrícola. Los llamados “agribusiness” actualizan las aberraciones de la explotación que se creían superadas.

 

Indicaron que la respuesta del gobierno estadounidense a las movilizaciones multitudinarias del 2006 fue una represión feroz contra los migrantes: redadas, ordenanzas y operativos policiacos fueron implementados para la expulsión masiva de  indocumentados.

 

Por eso ahora, ante Obama, como la figura que concentra las esperanzas de las minorías, esperan que la realidad surja en las líneas del discurso político, que las palabras se despojen de la máscara que oculta el padecimiento de miles de trabajadores desprotegidos, y que los títulos de las reformas y programas designen su verdadera dimensión.

 

Porque en el discurso político las palabras adquieren una cualidad turbia y perversa para encubrir la realidad; por eso,  se aprueban leyes y se implementan programas cuyo objetivo es el antónimo del título; y cuando se dice “apoyo” se promociona la “indefensión”, con el sustantivo “huésped” se ocultan mil y un abusos, por la palabra “amnistía” debe entenderse “persecución”, y bajo el ideal genérico de los “derechos” yacen las aberraciones de la explotación.  

 

Pero las palabras se clarifican en un entorno solidario, se purifican con la velocidad de la empatía y se engrandecen por la coincidencia. Y así,  en el entorno virtual se configura la multitud que el próximo 21 de enero marchará desde todos los rincones de la desventura para exigir un discurso acorde con la realidad, una cita en la agenda presidencial, un rubro en la legislación y un espacio digno en una sociedad que se ha enriquecido explotando a quienes desprecia.

 

En las palabras de Al Rojas, sobresale la necesidad de eliminar las etiquetas despectivas, los estigmas insultantes y los peyorativos, porque la fuerza de trabajo que ha soportado el peso de la economía estadounidense no está formada por hispanos o mexicanos, ni por latinos o sudacas, ni por ilegales o braceros, ni por indocumentados o migrantes: está formada por seres humanos dispuestos a trabajar para ganar dignamente el sustento.

 

La presidencia de Obama representa la realización inusitada de una ficción y es una oportunidad por mucho tiempo esperada; por primera vez, residirá en la Casa Blanca un heredero de la porción de la humanidad históricamente más ultrajada y despreciada, y es ahí, justamente en el horizonte de las expectativas, donde las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

Alquimia social

En algún lugar metódico, donde el rigor científico pondera todos los fenómenos,  entre los porcentajes y las estadísticas existe una excepción incuantificable; el albedrío es ese prisma indefinible que esquiva todas las fórmulas, y es por eso, que aún no existe un mapa de los recovecos de la condición humana…

 

            Los comicios electorales del 4 de noviembre serán la ocasión perfecta para cuantificar lo imponderable. La elección presidencial en Norteamérica no sólo confronta los proyectos de los partidos políticos y la personalidad de los candidatos,  éste ejercicio democrático involucra actitudes del electorado que permanecieron en el sótano del inconsciente colectivo debidamente custodiadas por un ejército de prejuicios.

 

            El predominio del racismo y la supremacía blanca, la extensión de la ignorancia  y la magnitud del conservadurismo a ultranza, han eludido cualquier medición hasta este momento. En una inmensa espiral de silencios, los encuestados ocultaron su verdadera intención de voto; plenamente conscientes de los valores políticamente correctos, los  racistas y ultraconservadores ocultaron el sentido de su voto.

 

            El contraste entre Barak Obama y John McCain trasciende las cuestiones raciales: los comicios electorales definirán la idiosincrasia predominante, el color del inconsciente colectivo. Los norteamericanos también deberán decidir respecto al aborto y la legitimidad de la unión civil entre homosexuales; también definirán las atribuciones de su gobierno y las prioridades de la administración pública. Los matices históricos surgen porque esta elección se materializará el criterio de los estadounidenses en el contexto de una hegemonía decadente.

 

            Estas elecciones se realizarán en medio de la peor crisis económica en la historia norteamericana, cuando se han confrontado dos discursos completamente opuestos y dos personalidades recíprocamente excluyentes: mientras Barak Obama propone la ruptura de paradigmas para reorientar el rumbo de las políticas públicas, John McCain encarna al patriotismo exacerbado y defiende las prioridades de la economía bélica y el dogma del expansionismo.  

 

            Los pronósticos son reservados, porque el comportamiento del electorado norteamericano ha sido impredecible, dando lugar a resultados inverosímiles, como el segundo periodo presidencial de George W. Bush. Además del esquivo factor racial en las encuestas, existe un patrón persistente de fraude electoral, perfectamente implementado y culturalmente asimilado en varias regiones del país. En estas circunstancias, la jornada electoral no solo determinará al presidente y la composición del Congreso, también se evaluará la eficiencia de todo el aparato democrático.

 

El resultado del sufragio popular cuantificará la influencia de los sectores sociales en el porvenir nacional; se consolidará la presencia del sector hispano, o se manifestará públicamente el fervor de los grupos racistas y xenófobos, o se actualizan los perjuicios arcaicos y obsoletos.     Independientemente de quien resulte vencedor, el proceso electoral determinará la composición exacta del pensamiento del pueblo norteamericano.

 

Por  todo eso, el martes será una oportunidad  extraordinaria para la alquimia social: por esta única ocasión, será posible capturar en un matraz el calor de la esperanza, evaporarlo y condesarlo bajo la frialdad de las cifras; en una molécula suspendida se identificarán los enlaces afectivos y las partículas de solidaridad que flotan en el aliento de las minorías; se obtendrá el suero de la identidad y se harán todas las combinaciones posibles; y tal vez, los alquimistas definirán el prisma del albedrío que ha esquivado todas las fórmulas, y  trazarán el primer esbozo de los recovecos de la condición humana…

Índice de perversidad

En algún lugar de la incertidumbre, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y es por eso, que en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

            La crisis financiera y la recesión de 1929 son los episodios más escabrosos en la historia moderno, y los fantasmas más siniestros en el mundo capitalista, es por eso que la simple enunciación de esos espectros produce ansiedad y pánico. Pero la debacle económica de un sistema erigido sobre los caprichos del mercado dejó de ser una remota posibilidad, abandonó el ámbito de las elucubraciones, hizo acto de presencia, y todo parece indicar que llegó para quedarse por un buen rato.

 

            El mercado, como punto de convergencia y engrane maestro donde confluyen todos los intereses, es una de tantas invenciones de los seres humanos; pero además, en el duopolio intangible del Debe y el Haber, se agudizan y se magnifican las repercusiones de las intenciones. Un rumor infundado es capaz de disparar el índice de precios y cotizaciones.

 

            El mercado está irremediablemente sujeto a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, es altamente vulnerable y su comportamiento depende de la veracidad de la información, de la credibilidad de los participantes, de la certeza de los contratos, del rumbo de las decisiones. Todos estos factores son tan efímeros e insustanciales como el aliento de dragón embotellado al alto vacío, porque la ubicuidad es el ámbito del mercado global y la subjetividad su quintaesencia.

           

            Pero si la naturaleza del mercado es etérea y volátil, sus estragos son definitivamente concretos, mundanalmente típicos, cuantitativamente observables, porque los desequilibrios en las teorías financieras siempre se traducen en abruptos desajustes en la vida práctica.

 

Cuando el mercado entra en crisis  se produce una reacción en cadena, implotan  argumentos, teorías, supuestos, modelos. Deambulan  explicaciones inútiles, diatribas y peroratas enardecidas, que nada remedian, porque el principal factor de riesgo en el mercado global se sustenta en una inequidad colosal: una élite decide el rumbo del mercado, que incide en la calidad de vida del resto del mundo.

 

El factor se agudiza cuando se aplica a los millones de personas que viven en condiciones de pobreza, sea cual fuere el rango o su clasificación. Y si además se ponderan el perjuicio y el quebranto causados a la multitudinaria clase trabajadora por operaciones ultra-mega-hiper-millonarias, y se multiplican por el rango de legalidad de transacciones  inmorales, la resultante será el indicador de un modelo carente de ética y sensibilidad social, excedido de avaricia, paupérrimo en humanidad.

 

Vgrs: la  práctica de la especulación de capitales, productos derivados y  títulos, actividad perversa por naturaleza, es una evidencia de la ubicuidad en que opera el mercado. Sólo en la virtualidad de los valores financieros es posible justificar la legalidad de un acto premeditado, deliberado, alevoso, ventajoso, cuyas consecuencias lesionan a una gran mayoría de incautos. La licitud de los delitos financieros surge por su omisión en las leyes, y la única sanción posible se produce en el territorio de la moralidad.

 

Y ni siquiera eso;  los responsables de la especulación de la moneda en México están debidamente protegidos por el blindaje legaloide del régimen calderonista. Alegando que la especulación no es un delito, esgrimen la responsabilidad en el quebranto económico de millones de mexicanos.  Ahí se comprueba el índice de la perversidad del modelo económico vigente.

 

 ¿Yo?… Se me ocurre que, tal vez, desde el satélite de la metaficción, este capítulo de la vida sobre el planeta Tierra  podría describirse en una alegoría posmoderna de aliento exacerbado. Pero ahora y aquí, en el mundo del lucro, lo ético se opone a lo financiero, lo moral a lo legal, y en estas contradicciones surge una densa incertidumbre que acentúa la jodidez como estrato generalizado y globalizante;  en la virtualidad del mercado global, el dinero  carece de forma, sustancia y color, porque todo es efímero, excepto la angustia causada por la evaporación del porvenir; las decisiones son un privilegio de la élite y las repercusiones la responsabilidad de todos, nadie sabe nada, pero todos se preparan para enfrentar un futuro incierto, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y por todo eso, en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

Epidemia global

            

           

             En algún lugar de la globalidad, entre las barras intangibles de códigos binarios, deambulan los espectros de una ideología compulsiva; los estragos de un dogma insulso se materializan en la angustia cotidiana, y las secuelas de los fatuos excesos perturban el porvenir…

 

            La crisis financiera en EUA  amenaza propagarse a todas las economías del mundo con la velocidad de un virus mutante y corrosivo; pero la pandemia global en el reino del mercado también es la consecuencia de una peste vaporosa que infectó la sensatez y distorsionó los valores éticos. La propagación fue incontenible porque el virus pulula en un entorno donde predomina la falacia y circula vertiginosamente a través de imágenes.

 

            En pocos días se materializaron las críticas que se desestimaron en su momento, y ahora, las economías padecen los excesos de la fluidez irrestricta de las leyes del mercado. Pero la debacle del liberalismo globalizado apenas inicia porque la crisis virtual del sector financiero e inmobiliario se ha trasladado al entorno de la economía real. 

 

            El virus que catalizó esta peste globalizada se incubó en el modelo económico estadounidense, sustentado únicamente en volúmenes exorbitantes de producción y en el consumo exacerbado, y las secuelas irreversibles fueron el endeudamiento desmesurado y la insolvencia generalizada.  La salud en las finanzas públicas y privadas se dificulta porque las mutaciones de los mercados superaron la evolución de las leyes que alguna vez intentaron regularlos.

 

 Una recesión aguda en el 2009 es el barrunto generalizado y la evidencia del paroxismo en el reino del mercado es la cauta divulgación de un mensaje contrario al dogma predominante, y ahora ante la crisis se aconseja no adquirir lo superfluo, no comprar lo innecesario, no sucumbir en la fiebre de las compras compulsivas. La crisis del modelo de mercado se ha manifestado en el  desmoronamiento de la idiosincrasia del consumo, y en el mundo concreto y cotidiano ya pocas cosas cuestan realmente lo que valen.

 

            Pero la decadencia del paradigma instituido por la ética del lucro implica un quebranto más profundo que la insolvencia económica; implica un abrupto reajuste en los estereotipos vigentes, y la erradicación de: compulsiones y adicciones, de un estilo de vida y de una forma de percibir el mundo.

 

            La actitud propagada entre los habitantes de la aldea global entronizó al mercado como única constante universal, y la alienación al modelo se lograba a través del consumo como el eje de la actividad económica y como el criterio para definir el éxito en el entorno social. La tecnología es la quimera posmoderna que invadió todas las manifestaciones de la conciencia humana y es el eslabón que encadenó a los consumidores y los sometió al corporativismo mercantil.

 

            Aún en el umbral de la crisis, los modelos de excelencia en el reino del mercado sugerían una vida enfocada al consumo como placer; la prosperidad equivalía a la acumulación de propiedades y el éxito implicaba ostentación.

 

Por las características del entorno, surgió un padecimiento crónico y agudo entre los súbditos del reino del mercado: el síndrome de la globalidad, que se adquiere por la adicción al trabajo, a través del manejo institucional del stress, por contagio de la neurosis colectiva y por la dispersión masiva  de la ansiedad ante una eminente pérdida del empleo. El síndrome se agudiza cuando se asimila la consigna de que es sano vivir con cierto nivel de tensión y que la única realización personal surge por la eficiencia operacional.

 

La manifestación más frecuente del síndrome es la angustia, socialmente compartida, de vivir en la cartera vencida del Buró de Crédito; las deudas contraídas provocan un estrés de alta intensidad, y ante la imposibilidad de pagar una deuda que crece diariamente y por las amenazas de embargo, aparece un círculo vicioso que inicia con el insomnio, lo que provoca crisis nerviosas, que derivan en una depresión, que alimenta a un monstruo invisible que devora la tranquilidad.

 

Ahora, el orden global se transforma minuto a minuto, la idiosincrasia mercantilista se desvanece por la crisis financiera, y la decadencia de los paradigmas de la globalización liberal agrava la atribulada salud mental de los consumidores cautivos del mercado. El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, declaró que “los riesgos que amenazan al entorno económico global son los más graves y difíciles de la memoria reciente”.

           

La amenaza se cierne sobre todos, porque las grandes rupturas se han producido cuando los dogmas intangibles no resisten el rigor de la realidad concreta; los grandes relatos han sucumbido al ras de la tierra por las contradicciones de la condición humana. Hoy por hoy, cuando el reino del mercado se reconfigura, ante la decadencia de una ideología hueca y compulsiva, para combatir la plaga del crédito que asola regiones enteras, el único remedio sensato consiste en invertir las prioridades y otorgar un justo valor al patrimonio  intangible, en conservar intacto el legado íntimo, imposible de cuantificar, y de embargar.

 

El único alivio para los estertores financieros consiste en generalizar la confianza, pero la agonía del estereotipo global debería preceder a una nueva actitud; será necesario reubicar al individuo en el centro de la percepción social, recuperar la felicidad como un derecho inalienable y ejercer en forma masiva la templanza, la compasión  y empatía para resarcir…  los estragos del dogma insulso materializado en la angustia cotidiana, y para cauterizar las secuelas de los fatuos excesos que perturbaron el porvenir…

Laura M. López Murillo

 

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

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“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

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La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

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Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

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Primera parte

 

“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”

Jorge Drexler

 

En algún lugar hermético y ferozmente custodiado languidecían las imágenes de un dolor recluido en el olvido; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

 

La contundencia de los años es ineludible. Parece que por fin languideció el poder que reprimía todos los esfuerzos por esclarecer el movimiento estudiantil de 1968; quiero creer que la férrea censura y las violentas represalias quedaron atrás. Hoy por hoy, la memoria se sublima acariciando las heridas latentes provocadas por un olvido forzado:

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

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El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

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Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

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Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

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La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publica una serie de suplementos de su Gaceta, desde julio y hasta noviembre, con la recuperación de “trozos” de la memoria de los acontecimientos del movimiento estudiantil; el programa de conmemoraciones de la UNAM incluye más de 110 actividades y la creación de un patronato. Y a principios de agosto, TV UNAM estrenó la serie “Verano del 68” dirigida por Carlos Bolado, quien después de 9 años de censura podrá compartir “la historia que siempre quiso contar”.

 

El 22 de julio de este año, el micrositio digital “A 50 del 68. La historia que nos une” inició la recreación de los acontecimientos que desencadenaron el movimiento estudiantil y la efervescencia social en 1968 recuperando testimonios de los protagonistas en un muro virtual, adaptando los mensajes de aquel entonces a la inmediatez de las redes sociales.

 

Otro esfuerzo para esclarecer este episodio es el lanzamiento de la “Colección M68. Ciudadanías en movimiento” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que integrará el archivo histórico del periódico El Universal sobre el movimiento estudiantil en un cerebro digital.

 

Y así, las verdades saldrán a relucir, y la recuperación de las verdades es un motivo para celebrar porque el peso inclemente del silencio forzado fue atroz. En aquel entonces, todos los medios de comunicación transmitieron la versión oficial de los hechos. Un ícono de la censura de aquellos días es la frase con que Jacobo Zabludovski inició la emisión del 2 de octubre del noticiero 24 horas de Telesistema Mexicano. Después de la masacre en Tlatelolco y de una tarde con tormentas, la nota inicial fue: “En la ciudad de México hoy fue un día soleado”.

 

Y al día siguiente, el 3 de Octubre, las primeras planas de la prensa sometida (y vendida, como muchos la califican) describían un sangriento zafarrancho entre las fuerzas armadas y un grupo de francotiradores conformado por estudiantes, comunistas y terroristas cuya misión era vulnerar al estado mexicano en la víspera de los juegos olímpicos. No… no es casualidad: de ahí surgió el nombre del batallón Olimpia.

 

La libertad de prensa, la objetividad y la imparcialidad periodística se refundieron en un cajón extraviado obedeciendo las exigencias de la “Corte del boletín”, como define José Carreño Carlón al mecanismo de control y censura ejercido en aquel entonces cuando las fuerzas del régimen custodiaban ferozmente las imágenes del dolor infringido y las recluyeron en las mazmorras del olvido forzado; pero las leyes del tiempo son implacables y nada ni nadie se resiste a sus efectos…

Continuará…

En algún lugar veleidoso, muy lejos de la consistencia, las fobias se convierten en filias, los ataques encarnizados se transforman en lisonjas disfrazadas y en un giro insólito, se rompen lanzas por los enemigos de antaño…

 

La victoria de Andrés Manuel López Obrador fue contundente, insólita. El próximo régimen inicia con un efecto trepidatorio conmocionando las estructuras de la parafernalia mediática al servicio del gobierno. La comentocracia y los opinólogos orgánicos han hecho gala de sus mejores artificios para atenuar el giro excéntrico de su perspectiva y disimular el contraste en sus críticas. Algunos se ufanaban como moderados e imparciales porque insertaban su rechazo entre las líneas de su discurso enfatizando su postura con medios tonos y medias tintas. Aquellos que aprovecharon las bondades del periodismo para defender su condición orgánica, lanzaron críticas implacables con el pretexto de formar opinión.

 

Sin saber cómo ni cuándo, aquellos que atacaron ferozmente al candidato ahora le desean la mejor de las suertes al virtual presidente electo, justifican sus propuestas y se afanan en detectar las ventajas de lo que alguna vez descalificaron. Categóricamente, pero con discreción, se desplazaron de un extremo a otro. Ahora, los unos y los otros, se desdicen con la gracia del cinismo y se atreven porque creen, firmemente, en la escasa memoria de la gentil audiencia.

 

Sea como fuere, encubrir las filias y las fobias entre las palabras de una nota informativa es mucho más que una ofensa a la inteligencia porque desvirtúa la esencia del periodismo, definido por Gabriel García Márquez como el “mejor oficio del mundo”. Y tratar de encubrir el giro absoluto en sus intereses, es un flagelo insufrible. La simpatía por algún partido, la adherencia a una ideología o la defensa de un proyecto son humanamente inevitables, pero deben asumirse éticamente, como deben admitirse los errores, las omisiones y los cambios de perspectiva.

 

Hoy por hoy, cuando Andrés Manuel se prepara para recibir las carpetas de la administración pública, como secuela de la designación de Manuel Bartlett como el próximo director de la Comisión Federal de Electricidad, la comentocracia ha divulgado toda clase de opiniones incluyendo la redefinición de la caída del sistema en 1988 como una “elección inequitativa”, como el gran “mito” que “transformó el sistema político mexicano en una auténtica democracia”. Los orgánicos pretenden redimirse y se disfrazan de transgénicos.

 

Esta es apenas una de las redefiniciones que se avecinan. Le recomiendo que acuda a los datos y a las cifras originales, evite a los intermediarios y configure su propia opinión. Ojalá que, en el próximo régimen, la crítica se mantenga a una sana distancia del poder y se erija como una autoridad ética e intelectual porque su ausencia sería un brutal retroceso. En estos días, la química primigenia de los opinólogos es poco menos que una quimera y ya no se distingue la militancia autentica y asumida de las simpatías artificiales porque súbitamente las fobias se convirtieron en filias, los ataques encarnizados se transformaron en lisonjas disfrazadas y en un giro insólito, se rompen lanzas por los enemigos de antaño…

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas,

porque los optimistas están encantados con lo que hay.”

José Saramago

 

En algún lugar imprevisto y en un momento largamente esperado, emergieron  todos los motivos reprimidos y ese impulso deberá vencer  las inercias que obstruyen la dinámica de las expectativas…

 

Las reacciones a las primeras reformas propuestas por el virtual presidente electo exhiben la aguda polarización social que nos aflige: aquellos que las rechazan en forma pronta, expedita, casi instantánea y a veces instintiva, pertenecen a la élite favorecida por  los regímenes anteriores, son los “optimistas” que identificó José Saramago, los residentes del estrecho círculo de los privilegios que ahora se resisten a perderlos; y quienes las aceptan justificándolas y festejándolas con pasión y vehemencia, a veces con desplantes irreverentes, son los “pesimistas” que han atestiguado los abusos del poder y la prepotencia de una clase gobernante que solía desenvolverse con gracia en un ámbito inmune y ajeno a la ciudadanía.

 

Y estas antípodas se enfrascan en diatribas, peroratas y arengas enardecidas en una reacción lógica e inevitable pero ya es menester superarla y dejar los debates atrás porque los excesos que ahora se pretende eliminar son verdades innegables, evidentes y casi absolutas. La secuela de la confrontación entre pesimistas y optimistas debe derivar hacia el cambio como voluntad y hacia la convicción del bien común, ese ideal que ha sido postergado en la versión más déspota de la partidocracia.

 

Desde la perspectiva de los defensores del cambio, estamos en el umbral de una posibilidad que parecía improbable. Hoy por hoy, la deconstrucción de Estado implica la extirpación de los vicios que aquejan la actitud social; tal vez, será más sencillo reducir los salarios de los legisladores que erradicar la prepotencia, pero es un buen principio. Quizá, si el ejemplo realmente predica, un buen día, nos habremos despojado de  los hábitos que propician la corrupción y la impunidad y la ciudadanía asumirá su responsabilidad como el contrapeso del Estado.

 

Es una misión ambiciosa y una visión que podría calificarse como idealista, pero así empezaron las grandes transformaciones sociales. El cambio hacia una república sustentada en el auténtico valor civil bajo el imperio de la ley es un reto sin precedentes en la historia patria. Es insólito casi inaudito pero no imposible porque existen ejemplos excelsos en el mundo: países que se han erigido desde la derrota por la suma nacional de los esfuerzos, por la preponderancia de la honestidad, la participación y la rectitud como valores compartidos. Así, hasta los sueños más guajiros son posibles.

 

En el mejor de los escenarios, la confrontación y la ruptura se aliviarían con el bálsamo de la empatía para cicatrizar las heridas causadas por la desigualdad y la injusticia. Apenas estamos en el umbral de lo imposible; la realización de este sueño, que merodeaba en las conciencias inquietas, dependerá de todos. Los pesimistas deberán abandonar sus resentimientos y los optimistas sus excesos, y todos,  asumiendo la ciudadanía como una virtud y una responsabilidad, juntos y revueltos venceremos las inercias que obstruyen la dinámica de las expectativas…

 

“Seamos realistas,  pidamos lo imposible”

Herbert Marcuse

En algún lugar del porvenir se construyen los ideales y se configuran las utopías; cuando llega el momento, la realización de los sueños exigirá el abandono del pasado para materializar los anhelos y las convicciones…

Como ejemplo vivo de mi generación, permanezco en una etapa intermedia hacia la digitalización: celebro las bendiciones de la tecnología en el acceso a la información y para mantener el contacto con los seres queridos, pero aún prefiero las versiones concretas y tangibles. Por ejemplo, después de buscar y buscar sin éxito en bibliotecas y librerías, le doy gracias a la nube cuando encuentro el ansiado libro digitalizado; lo leo, lo disfruto, lo atesoro… pero sigo anhelando la versión impresa. Uno de los síntomas de mi causi-digitalización es la estrecha cercanía con las ideas y las palabras: mis libros consentidos acompañan mis sueños porque reposan plácidamente cerca de la cabecera de mi cama. Uno de los autores con quienes mantengo esa estrecha cercanía es Julio Cortázar, a quien reencontré anoche en Internet en una fotografía tomada en  un puente de París durante la Primavera del 68 junto a la famosa frase de Marcuse. En aquel entonces, y ahora, la frase de Marcuse exalta la asombrosa capacidad de nuestra especie para imaginar un futuro mejor; pero Marcuse también detectó la fragilidad de lo utópico cuando “está bloqueado por el poder de las sociedades establecidas”. Y yo me atrevo a agregar “por la resistencia al cambio de hábitos y actitudes”.

Todo avance implica el abandono de lo conocido y lo cotidiano. Por eso, los primeros proyectos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han provocado reacciones contrastantes. Una de ellos es la descentralización de las secretarías y dependencias del gobierno federal; durante décadas, fue poco menos que un sueño guajiro: se admitía su conveniencia, pero se descartaba por la magnitud del esfuerzo requerido y por el costo político de su implementación.

Como lo han reconocido los expertos, la descentralización es “un mecanismo efectivo y adecuado que generaría desarrollo económico y potenciaría ciudades”. El desacuerdo surge por la mudanza y todo lo que implica: el cambio del domicilio y de hábitos, la adaptación al nuevo entorno. No será fácil, pero no es imposible. Muchos empleados del gobierno federal y del sector privado han trasladado su residencia varias veces porque así lo exige la normatividad de la dependencia o las estrategias de la empresa. Es una cuestión de disciplina y actitud.

Estamos en uno de esos momentos históricos que delimitan el antes y el después. Si realmente estamos convencidos de la imperiosa necesidad de transformar al país, debemos aceptar que el cambio, tan ansiado y esperado, se logrará con la suma de todos los esfuerzos individuales.

Actualicemos la frase de Marcuse: seamos realistas y logremos lo imposible. La construcción del porvenir es una tarea multitudinaria, es un desplazamiento masivo y una mudanza de actitudes porque la realización de los sueños exige el abandono del pasado para materializar los anhelos y las convicciones…Cortázar 68

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”

Salvador Allende

 

En algún lugar del porvenir, en el momento exacto en que las causas determinan los efectos se registran los hitos de la historia; a partir de entonces, la realización de los anhelos requiere la participación de tod@s l@s que se atrevieron a soñar con un futuro  mejor…

 

La jornada electoral del 1 de julio se registrará como uno de los hitos en nuestra historia por la consolidación de la democracia: gracias a la intensa participación de la ciudadanía en los comicios, los resultados adquieren legitimidad confirmando que el voto es el mejor instrumento para expresar la voluntad del electorado. En los días posteriores a la jornada, con los paquetes electorales resguardados en los distritos del INE, se procedió al cotejo de las actas del escrutinio y cómputo de cada casilla y después se realizó el recuento para otorgarle certeza a los resultados.

 

El porcentaje de los paquetes en recuento superó el 70% y esta actividad se realizó atendiendo a un procedimiento escrupuloso que debe concluirse en los plazos determinados. En todos los distritos, l@s funcionari@s del INE y l@s consejer@s coordinaron a l@s capactador@es (CAEs) en los grupos de trabajo y en los puntos de recuento, con sumo cuidado, con todo el apremio y contra el reloj, en jornadas exhaustivas y extenuantes. Por eso, en la suma y el recuento de todos los votos debería ponderarse también el esfuerzo de tod@s l@s involucrad@s considerando las exigencias del lineamiento, la brevedad de los plazos, las limitaciones de los recintos y las condiciones climatológicas.

 

En la mayoría de los casos, el recuento confirmó los resultados y en un breve acto protocolario se expidieron las constancias de mayoría y validez a los diputados y senadores electos. El presidente electo recibirá la constancia de mayoría y validez expedida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El próximo 1 de Septiembre se instalará la siguiente legislatura en el Congreso de la Unión y el próximo presidente iniciará su mandato el 1 de Diciembre.

 

Pero eso no significa que los afanes democráticos hayan concluido. La participación en las elecciones con la emisión del voto es apenas el inicio porque la convicción democrática debe instalarse en la cotidianidad. El ingrediente principal del antídoto contra los absolutismos es la participación de los ciudadanos vigilando a los gobernantes, el cumplimiento de las promesas empeñadas y los compromisos adquiridos, la observancia de las leyes y el respeto a los derechos humanos. El gran cambio que se anhela será posible cuando todos los anhelos coincidan, cuando la inmensa mayoría se aglutine para vencer las inercias que nos han impedido instaurar la cultura de la legalidad, cuando la tranza, el gandallismo y el chanchullo dejen de ser un motivo de orgullo malsano. La posibilidad de construir un México mejor reside en tod@s.

 

Hoy concluyen estas crónicas electorales. La participación ciudadana en los comicios fue del 63.42% y a partir de ahora, es imperativo superar ese porcentaje porque la construcción del México justo, humano y generoso que tod@s anhelamos requiere la participación de tod@s l@s mexican@s, unid@s para compartir  el sueño de un futuro  mejor… y realizarlo!

 

Porque mi país me importa!

“Ir a votar es afirmarnos como miembros de un pacto colectivo,

de ese conjunto de anhelos y sueños, de emociones y razones

que integran nuestra vida cotidiana y nuestro futuro.”

Lorenzo Córdova Vianello

 

En algún lugar de la madrugada, mientras los contendientes velaban sus armas, la luz de la Luna resaltaba la metáfora más bella de los pueblos;  al amanecer, emergió un derecho primigenio y la soberanía de la nación se reflejó en 89 millones de fragmentos…

Escribo esta columna en la madrugada del domingo 1 de Julio con la misma convicción que me ha impulsado desde el primer día del proceso electoral: la participación ciudadana es el garante de los comicios. Todas las actividades en la preparación de la jornada electoral se someten al escrutinio de l@s consejer@s, l@s capacitador@s, l@s funcionari@s de casilla, l@s representantes de partidos políticos y l@s observador@s acrededitad@s.

En estas crónicas electorales compartí lo que he constatado durante el proceso electoral y describí sus etapas y actividades, la magnitud de los esfuerzos realizados, la convicción de l@s participantes, los sistemas y los programas de información. Como estas crónicas, hay miles de fuentes con información veraz y verificable porque ésta, la elección más grande de nuestra historia  será también la elección más explicada y más vigilada.

Sin embargo, durante la veda que precede al domingo electoral proliferó la desinformación en todas sus modalidades: ilustres desconocidos revelaron datos escalofriantes para fundamentar suposiciones espeluznantes y circularon testimonios apócrifos denunciando las perversidades cometidas por los esbirros de los poderes siniestros infiltrados en el INE.

Por ejemplo, los portadores de la neta del planeta revelaron que durante el traslado del material electoral, los camiones se detuvieron “en medio de la nada” para sustituir las boletas en limpio por boletas previamente marcadas a favor de un partido político porque la empresa  que se encargó del traslado es propiedad de Vicente Fox. En estos momentos abundan los videos de falsos testimoniales sobre el marcador para votar, del voto de los mexicanos en el extranjero, de los paquetes electorales, de la ubicación de las casillas, y de todo lo relacionado con la elección.

Las redes sociales están saturadas de memes, documentos, imágenes y videos desacreditando la organización de la jornada electoral; en los portales informativos se destaca el robo o la destrucción de boletas y paquetes electorales; los más audaces, ya descubrieron el hilo negro y la ruta crítica del fraude por venir; y no faltan las almas caritativas que alertan a la población de un levantamiento armado, de un boicot o de una amenaza imprecisa pero inminente contra la seguridad nacional por lo que aconsejan no salir de casa.

 

Lamento que estas falsedades sean aceptadas como verdades absolutas pero lo que más me duele, es que desacreditan al único organismo ciudadanizado de la administración pública. Si algo me consta es el apego a la legalidad y la imparcialidad de l@s funcionari@s,  consejer@s, capacitador@s y asistentes del INE.

Y aquí es necesaria una precisión: cuando algunos “reveladores” descubren los artificios del “fraude electoral” lo que describen es la compra de votos, las amenazas o la coacción, delitos electorales que cometen las huestes partidistas antes de la emisión del voto, manipulando la actitud y condicionando la decisión de los ciudadanos. El fraude se comete fuera de las casillas  y lejos del ámbito de competencia del INE;  si usted es testigo o víctima de la compra o coacción de su voto, denúncielo a la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales FEPADE al 01 800 833 72 33 o en el portal www.fepadenet.gob.mx

En estos momentos el desenlace del proceso electoral aún no se escribe; espero que impere la prudencia y todos,  los electores, los contendientes, los medios y las encuestadoras, aguarden los resultados de la sesión del cómputo en el INE; ojalá que los contendientes se comporten a la altura de las circunstancias y que ninguno incida en la patética estrategia de auto proclamarse vencedor.

La madrugada está en calma. Y yo, quiero creer que el valor cívico es mucho más que una probabilidad, que la apatía de pocos ya no será suficiente para opacar el entusiasmo de muchos, que el desencanto puede revertirse, que el porvenir es una construcción social que exige la reconstrucción de los cimientos culturales. Quiero creer que la ciudadanía acudirá a las urnas y  emitirá su voto libremente ejerciendo su derecho primigenio porque la soberanía de la nación se reflejará en 89 millones de fragmentos…

Porque mi país me importa: Voto libre!

En algún lugar infalible y certero las cantidades adquieren una dimensión exorbitante cuando las convicciones ennoblecen los esfuerzos; y así, todo lo cuantificable es asombrosamente pequeño y todo lo tangible resulta ínfimo cuando se inicia la construcción del porvenir…

 

Conforme avanza la cuenta regresiva se intensifican los esfuerzos en la preparación de la elección más grande en la historia de los procesos electorales en México. La expresión no es retórica ni metafórica: es geográficamente compleja porque habrá elecciones concurrentes (a elegir cargos federales y locales) en 30 de los 32 estados del país (en Baja California y Nayarit se elegirán únicamente cargos federales); es cuantitativamente insólita porque se elegirán 18,299 cargos: 629 federales (1 Presiente de la República, 500 Diputaciones y 128 Senadurías en el Congreso de la Unión) y 17,670 cargos locales (8 Gubernaturas, 972 Diputaciones locales, 1,596 Presidencias Municipales, 16 Alcaldías, 1,237 Concejales, 1664 Sindicaturas, 12,013 Regidurías, 19 Regidores Étnicos, 24 Presidencias en Juntas Municipales, 24 Síndicos y 96 Regidurías).

 

El domingo 1 de julio se materializará el valor cívico, uno de los conceptos etéreos que nos aportan identidad y pertenencia como mexicanos porque ese día, la soberanía de la Nación se dispersa en todo el territorio para otorgar al electorado la facultad de elegir a sus representantes y gobernantes. Y el electorado, es mucho más que una palabreja dominguera porque identifica con nombre, apellidos y domicilio a los 89,123,355  mexicanos que cuentan con credencial para votar y que integran la Lista Nominal. Pero la pertenencia es un atributo que trasciende las fronteras y en esta elección también participarán los 181,256 mexicanos que conforman la Lista Nominal de Electores Residentes en el Extranjero.

 

El electorado podrá expresar su voluntad al emitir su voto en las 156,899 casillas que incluyen 1,054 casillas especiales donde podrán votar las personas que se encuentran lejos de su domicilio, y por primera vez se instalarán casillas en hospitales públicos para recibir los votos de los pacientes y sus familiares, del personal médico y administrativo. En la jornada dominical 1,400,022 ciudadanos, en calidad de autoridad y funcionarios electorales, recibirán y contarán los votos, para la que fueron capacitados por 38,766 asistentes electorales cuyo desempeño es vigilado por 6,277 supervisores. Para el funcionamiento de las casillas electorales se imprimieron 281,702,835 boletas electorales, 1,277,492 actas de casilla y 6,461,984 formatos.

 

Esta numeralia refleja la magnitud tangible de la elección del 1º de julio, pero estas cantidades adquieren una dimensión exorbitante cuando se aplica el factor del esfuerzo humano porque detrás de cada cifra existe una convicción que motiva a todos los involucrados  para aportar su tiempo y su atención, para abandonar el breve espacio en que se recluyen las prioridades personales y trabajar por el bien común. El significado de un voto excede su manifestación concreta; detrás de cada boleta electoral se concentran todas las horas del trabajo realizado, en cada folio se compendia la atención de miles de miradas que supervisaron el procedimiento que culminará en los comicios.

 

Si en estos momentos yo estuviera escribiendo un cuento bien podría inventar una pequeña república habitada por todos los involucrados en la preparación de la jornada electoral:  personajes comprometidos y  plenamente convencidos de la importancia de su labor y dispuestos a trascender el estrecho  umbral del individualismo portando las convicciones que los humanizan en un relato que ennoblece todos sus afanes porque  todo lo cuantificable es asombrosamente pequeño y  todo lo tangible resulta ínfimo cuando se inicia la construcción del porvenir…

 

Porque mi país me importa: ¡Voto libre!