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Epidemia global

            

           

             En algún lugar de la globalidad, entre las barras intangibles de códigos binarios, deambulan los espectros de una ideología compulsiva; los estragos de un dogma insulso se materializan en la angustia cotidiana, y las secuelas de los fatuos excesos perturban el porvenir…

 

            La crisis financiera en EUA  amenaza propagarse a todas las economías del mundo con la velocidad de un virus mutante y corrosivo; pero la pandemia global en el reino del mercado también es la consecuencia de una peste vaporosa que infectó la sensatez y distorsionó los valores éticos. La propagación fue incontenible porque el virus pulula en un entorno donde predomina la falacia y circula vertiginosamente a través de imágenes.

 

            En pocos días se materializaron las críticas que se desestimaron en su momento, y ahora, las economías padecen los excesos de la fluidez irrestricta de las leyes del mercado. Pero la debacle del liberalismo globalizado apenas inicia porque la crisis virtual del sector financiero e inmobiliario se ha trasladado al entorno de la economía real. 

 

            El virus que catalizó esta peste globalizada se incubó en el modelo económico estadounidense, sustentado únicamente en volúmenes exorbitantes de producción y en el consumo exacerbado, y las secuelas irreversibles fueron el endeudamiento desmesurado y la insolvencia generalizada.  La salud en las finanzas públicas y privadas se dificulta porque las mutaciones de los mercados superaron la evolución de las leyes que alguna vez intentaron regularlos.

 

 Una recesión aguda en el 2009 es el barrunto generalizado y la evidencia del paroxismo en el reino del mercado es la cauta divulgación de un mensaje contrario al dogma predominante, y ahora ante la crisis se aconseja no adquirir lo superfluo, no comprar lo innecesario, no sucumbir en la fiebre de las compras compulsivas. La crisis del modelo de mercado se ha manifestado en el  desmoronamiento de la idiosincrasia del consumo, y en el mundo concreto y cotidiano ya pocas cosas cuestan realmente lo que valen.

 

            Pero la decadencia del paradigma instituido por la ética del lucro implica un quebranto más profundo que la insolvencia económica; implica un abrupto reajuste en los estereotipos vigentes, y la erradicación de: compulsiones y adicciones, de un estilo de vida y de una forma de percibir el mundo.

 

            La actitud propagada entre los habitantes de la aldea global entronizó al mercado como única constante universal, y la alienación al modelo se lograba a través del consumo como el eje de la actividad económica y como el criterio para definir el éxito en el entorno social. La tecnología es la quimera posmoderna que invadió todas las manifestaciones de la conciencia humana y es el eslabón que encadenó a los consumidores y los sometió al corporativismo mercantil.

 

            Aún en el umbral de la crisis, los modelos de excelencia en el reino del mercado sugerían una vida enfocada al consumo como placer; la prosperidad equivalía a la acumulación de propiedades y el éxito implicaba ostentación.

 

Por las características del entorno, surgió un padecimiento crónico y agudo entre los súbditos del reino del mercado: el síndrome de la globalidad, que se adquiere por la adicción al trabajo, a través del manejo institucional del stress, por contagio de la neurosis colectiva y por la dispersión masiva  de la ansiedad ante una eminente pérdida del empleo. El síndrome se agudiza cuando se asimila la consigna de que es sano vivir con cierto nivel de tensión y que la única realización personal surge por la eficiencia operacional.

 

La manifestación más frecuente del síndrome es la angustia, socialmente compartida, de vivir en la cartera vencida del Buró de Crédito; las deudas contraídas provocan un estrés de alta intensidad, y ante la imposibilidad de pagar una deuda que crece diariamente y por las amenazas de embargo, aparece un círculo vicioso que inicia con el insomnio, lo que provoca crisis nerviosas, que derivan en una depresión, que alimenta a un monstruo invisible que devora la tranquilidad.

 

Ahora, el orden global se transforma minuto a minuto, la idiosincrasia mercantilista se desvanece por la crisis financiera, y la decadencia de los paradigmas de la globalización liberal agrava la atribulada salud mental de los consumidores cautivos del mercado. El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, declaró que “los riesgos que amenazan al entorno económico global son los más graves y difíciles de la memoria reciente”.

           

La amenaza se cierne sobre todos, porque las grandes rupturas se han producido cuando los dogmas intangibles no resisten el rigor de la realidad concreta; los grandes relatos han sucumbido al ras de la tierra por las contradicciones de la condición humana. Hoy por hoy, cuando el reino del mercado se reconfigura, ante la decadencia de una ideología hueca y compulsiva, para combatir la plaga del crédito que asola regiones enteras, el único remedio sensato consiste en invertir las prioridades y otorgar un justo valor al patrimonio  intangible, en conservar intacto el legado íntimo, imposible de cuantificar, y de embargar.

 

El único alivio para los estertores financieros consiste en generalizar la confianza, pero la agonía del estereotipo global debería preceder a una nueva actitud; será necesario reubicar al individuo en el centro de la percepción social, recuperar la felicidad como un derecho inalienable y ejercer en forma masiva la templanza, la compasión  y empatía para resarcir…  los estragos del dogma insulso materializado en la angustia cotidiana, y para cauterizar las secuelas de los fatuos excesos que perturbaron el porvenir…

Laura M. López Murillo

En algún lugar de la incertidumbre, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y es por eso, que en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

            La crisis financiera y la recesión de 1929 son los episodios más escabrosos en la historia moderno, y los fantasmas más siniestros en el mundo capitalista, es por eso que la simple enunciación de esos espectros produce ansiedad y pánico. Pero la debacle económica de un sistema erigido sobre los caprichos del mercado dejó de ser una remota posibilidad, abandonó el ámbito de las elucubraciones, hizo acto de presencia, y todo parece indicar que llegó para quedarse por un buen rato.

 

            El mercado, como punto de convergencia y engrane maestro donde confluyen todos los intereses, es una de tantas invenciones de los seres humanos; pero además, en el duopolio intangible del Debe y el Haber, se agudizan y se magnifican las repercusiones de las intenciones. Un rumor infundado es capaz de disparar el índice de precios y cotizaciones.

 

            El mercado está irremediablemente sujeto a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, es altamente vulnerable y su comportamiento depende de la veracidad de la información, de la credibilidad de los participantes, de la certeza de los contratos, del rumbo de las decisiones. Todos estos factores son tan efímeros e insustanciales como el aliento de dragón embotellado al alto vacío, porque la ubicuidad es el ámbito del mercado global y la subjetividad su quintaesencia.

           

            Pero si la naturaleza del mercado es etérea y volátil, sus estragos son definitivamente concretos, mundanalmente típicos, cuantitativamente observables, porque los desequilibrios en las teorías financieras siempre se traducen en abruptos desajustes en la vida práctica.

 

Cuando el mercado entra en crisis  se produce una reacción en cadena, implotan  argumentos, teorías, supuestos, modelos. Deambulan  explicaciones inútiles, diatribas y peroratas enardecidas, que nada remedian, porque el principal factor de riesgo en el mercado global se sustenta en una inequidad colosal: una élite decide el rumbo del mercado, que incide en la calidad de vida del resto del mundo.

 

El factor se agudiza cuando se aplica a los millones de personas que viven en condiciones de pobreza, sea cual fuere el rango o su clasificación. Y si además se ponderan el perjuicio y el quebranto causados a la multitudinaria clase trabajadora por operaciones ultra-mega-hiper-millonarias, y se multiplican por el rango de legalidad de transacciones  inmorales, la resultante será el indicador de un modelo carente de ética y sensibilidad social, excedido de avaricia, paupérrimo en humanidad.

 

Vgrs: la  práctica de la especulación de capitales, productos derivados y  títulos, actividad perversa por naturaleza, es una evidencia de la ubicuidad en que opera el mercado. Sólo en la virtualidad de los valores financieros es posible justificar la legalidad de un acto premeditado, deliberado, alevoso, ventajoso, cuyas consecuencias lesionan a una gran mayoría de incautos. La licitud de los delitos financieros surge por su omisión en las leyes, y la única sanción posible se produce en el territorio de la moralidad.

 

Y ni siquiera eso;  los responsables de la especulación de la moneda en México están debidamente protegidos por el blindaje legaloide del régimen calderonista. Alegando que la especulación no es un delito, esgrimen la responsabilidad en el quebranto económico de millones de mexicanos.  Ahí se comprueba el índice de la perversidad del modelo económico vigente.

 

 ¿Yo?… Se me ocurre que, tal vez, desde el satélite de la metaficción, este capítulo de la vida sobre el planeta Tierra  podría describirse en una alegoría posmoderna de aliento exacerbado. Pero ahora y aquí, en el mundo del lucro, lo ético se opone a lo financiero, lo moral a lo legal, y en estas contradicciones surge una densa incertidumbre que acentúa la jodidez como estrato generalizado y globalizante;  en la virtualidad del mercado global, el dinero  carece de forma, sustancia y color, porque todo es efímero, excepto la angustia causada por la evaporación del porvenir; las decisiones son un privilegio de la élite y las repercusiones la responsabilidad de todos, nadie sabe nada, pero todos se preparan para enfrentar un futuro incierto, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y por todo eso, en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

Alquimia social

En algún lugar metódico, donde el rigor científico pondera todos los fenómenos,  entre los porcentajes y las estadísticas existe una excepción incuantificable; el albedrío es ese prisma indefinible que esquiva todas las fórmulas, y es por eso, que aún no existe un mapa de los recovecos de la condición humana…

 

            Los comicios electorales del 4 de noviembre serán la ocasión perfecta para cuantificar lo imponderable. La elección presidencial en Norteamérica no sólo confronta los proyectos de los partidos políticos y la personalidad de los candidatos,  éste ejercicio democrático involucra actitudes del electorado que permanecieron en el sótano del inconsciente colectivo debidamente custodiadas por un ejército de prejuicios.

 

            El predominio del racismo y la supremacía blanca, la extensión de la ignorancia  y la magnitud del conservadurismo a ultranza, han eludido cualquier medición hasta este momento. En una inmensa espiral de silencios, los encuestados ocultaron su verdadera intención de voto; plenamente conscientes de los valores políticamente correctos, los  racistas y ultraconservadores ocultaron el sentido de su voto.

 

            El contraste entre Barak Obama y John McCain trasciende las cuestiones raciales: los comicios electorales definirán la idiosincrasia predominante, el color del inconsciente colectivo. Los norteamericanos también deberán decidir respecto al aborto y la legitimidad de la unión civil entre homosexuales; también definirán las atribuciones de su gobierno y las prioridades de la administración pública. Los matices históricos surgen porque esta elección se materializará el criterio de los estadounidenses en el contexto de una hegemonía decadente.

 

            Estas elecciones se realizarán en medio de la peor crisis económica en la historia norteamericana, cuando se han confrontado dos discursos completamente opuestos y dos personalidades recíprocamente excluyentes: mientras Barak Obama propone la ruptura de paradigmas para reorientar el rumbo de las políticas públicas, John McCain encarna al patriotismo exacerbado y defiende las prioridades de la economía bélica y el dogma del expansionismo.  

 

            Los pronósticos son reservados, porque el comportamiento del electorado norteamericano ha sido impredecible, dando lugar a resultados inverosímiles, como el segundo periodo presidencial de George W. Bush. Además del esquivo factor racial en las encuestas, existe un patrón persistente de fraude electoral, perfectamente implementado y culturalmente asimilado en varias regiones del país. En estas circunstancias, la jornada electoral no solo determinará al presidente y la composición del Congreso, también se evaluará la eficiencia de todo el aparato democrático.

 

El resultado del sufragio popular cuantificará la influencia de los sectores sociales en el porvenir nacional; se consolidará la presencia del sector hispano, o se manifestará públicamente el fervor de los grupos racistas y xenófobos, o se actualizan los perjuicios arcaicos y obsoletos.     Independientemente de quien resulte vencedor, el proceso electoral determinará la composición exacta del pensamiento del pueblo norteamericano.

 

Por  todo eso, el martes será una oportunidad  extraordinaria para la alquimia social: por esta única ocasión, será posible capturar en un matraz el calor de la esperanza, evaporarlo y condesarlo bajo la frialdad de las cifras; en una molécula suspendida se identificarán los enlaces afectivos y las partículas de solidaridad que flotan en el aliento de las minorías; se obtendrá el suero de la identidad y se harán todas las combinaciones posibles; y tal vez, los alquimistas definirán el prisma del albedrío que ha esquivado todas las fórmulas, y  trazarán el primer esbozo de los recovecos de la condición humana…

En algún lugar de la desventura, cuando se percibe una esperanza en el porvenir, justamente en el horizonte de las expectativas, las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

 

Las albricias del triunfo electoral de Barak Obama provocaron el júbilo multitudinario porque llevaban implícito un mensaje de esperanza y reivindicación a las minorías y a los grupos marginados. En todos los rincones de la desventura se anunció el primer gran retroceso de la discriminación y del racismo en el bastión de la xenofobia.

 

El próximo presidente de Norteamérica es la manifestación tangible del sueño americano, la encarnación del anhelo de miles de migrantes que buscan un porvenir mejor en ese país. Sin embargo, todos los asuntos relacionados con las fronteras y los trabajadores migratorios fueron excluidos de los debates y de los discursos durante el proselitismo. 

 

La tendencia de Obama como candidato inició como una respuesta a los reclamos de los familiares de los soldados en Irak,  prometiendo un cambio a los grupos vulnerables, a las minorías marginadas y al sector flagelado por el desempleo y la crisis  hipotecaria. Pero gradualmente, las propuestas se suavizaron conforme la candidatura adquiría fuerza, fondos y simpatizantes. Por eso ahora, ante el umbral del imperio, es imprescindible que Obama incluya en su discurso y en su agenda la reivindicación de la estirpe que lo llevó a la cima del poder.

 

El voto y la simpatía del sector hispano fueron determinantes en el resultado de los comicios del 4 de noviembre: he ahí la razón y la fuerza del proyecto de una reforma migratoria integral que presentará a Obama la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero, cuya propuesta no consiste en la regularización de los ilegales en Estados Unidos, sino en institucionalizar la migración, y eliminar la persecución y la criminalización de los trabajadores migrantes.

 

Este mensaje llegó a Mexicali con la visita de  Alan A. Benjamin, coordinador de The Organizer, periódico afín al Acuerdo Internacional de los Trabajadores y los Pueblos (AITP), y Al Rojas, representante del Frente de Mexicanos en el Exterior, quienes participaron en la Segunda Conferencia Binacional “Globalización Migración/Inmigración” en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), y asistieron a una Mesa de Redacción en el periódico la Crónica de BC.

 

Como representantes de los trabajadores extranjeros en Norteamérica expusieron que aún predominan la explotación y la discriminación, el racismo y el abuso,  el incumplimiento de las prestaciones elementales, y que estas circunstancias se extienden a los convenios conocidos como “Programa de Trabajadores Huéspedes”.

 

Explicaron que el deterioro de las condiciones de trabajo, incluso el fallecimiento durante las jornadas en el campo, son algunas de las consecuencias del pacto entre la Unión de Trabajadores del Campo (United Farm Workers),  el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y los empresarios del sector agrícola. Los llamados “agribusiness” actualizan las aberraciones de la explotación que se creían superadas.

 

Indicaron que la respuesta del gobierno estadounidense a las movilizaciones multitudinarias del 2006 fue una represión feroz contra los migrantes: redadas, ordenanzas y operativos policiacos fueron implementados para la expulsión masiva de  indocumentados.

 

Por eso ahora, ante Obama, como la figura que concentra las esperanzas de las minorías, esperan que la realidad surja en las líneas del discurso político, que las palabras se despojen de la máscara que oculta el padecimiento de miles de trabajadores desprotegidos, y que los títulos de las reformas y programas designen su verdadera dimensión.

 

Porque en el discurso político las palabras adquieren una cualidad turbia y perversa para encubrir la realidad; por eso,  se aprueban leyes y se implementan programas cuyo objetivo es el antónimo del título; y cuando se dice “apoyo” se promociona la “indefensión”, con el sustantivo “huésped” se ocultan mil y un abusos, por la palabra “amnistía” debe entenderse “persecución”, y bajo el ideal genérico de los “derechos” yacen las aberraciones de la explotación.  

 

Pero las palabras se clarifican en un entorno solidario, se purifican con la velocidad de la empatía y se engrandecen por la coincidencia. Y así,  en el entorno virtual se configura la multitud que el próximo 21 de enero marchará desde todos los rincones de la desventura para exigir un discurso acorde con la realidad, una cita en la agenda presidencial, un rubro en la legislación y un espacio digno en una sociedad que se ha enriquecido explotando a quienes desprecia.

 

En las palabras de Al Rojas, sobresale la necesidad de eliminar las etiquetas despectivas, los estigmas insultantes y los peyorativos, porque la fuerza de trabajo que ha soportado el peso de la economía estadounidense no está formada por hispanos o mexicanos, ni por latinos o sudacas, ni por ilegales o braceros, ni por indocumentados o migrantes: está formada por seres humanos dispuestos a trabajar para ganar dignamente el sustento.

 

La presidencia de Obama representa la realización inusitada de una ficción y es una oportunidad por mucho tiempo esperada; por primera vez, residirá en la Casa Blanca un heredero de la porción de la humanidad históricamente más ultrajada y despreciada, y es ahí, justamente en el horizonte de las expectativas, donde las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

En algún lugar del régimen, sobre el perímetro que condensa las atribuciones del poder, existe una atmósfera repelente que excluye cualquier atisbo de la realidad; por eso, dentro de la burbuja presidencial, los motivos más contundentes en la toma de decisiones, son la comunión de intereses y el apoyo incondicional…

 

            Los adjetivos que califican y describen a un régimen suelen asignarse en función de las acciones gubernamentales emprendidas, de sus resultados y de los ajustes y reacciones correctivas. En esa lógica, la actuación de Felipe Calderón como mandatario podría describirse como la institucionalización de un compacto círculo de amistades incondicionales, como la oficialización de la impunidad.

 

            A cien días del Acuerdo Nacional para la Seguridad, el único resultado obvio es la desesperanza generalmente compartida: los reclamos públicos de Fernando Martí, Nelson Vargas e Isabel Miranda de Wallace, son la ínfima proporción de todos los secuestros que se cometen en el país; los tres padres de familia, como valerosos denunciantes, conforman un porcentaje microscópico de todos los ciudadanos afectados y  las familias ultrajadas por el secuestro.

 

            Existen más de mil familias en el quebranto moral por las aborrecibles consecuencias del secuestro, pero esa inmensa mayoría no dispone de los recursos para  denunciar públicamente la negligencia de las autoridades. Y aún peor, los tres niveles de gobierno aluden a la denuncia ciudadana como el mecanismo para reducir la criminalidad, pero evaden la cifra negra, ese doloroso porcentaje de los casos no denunciados por la desconfianza en las corporaciones policiacas.

 

            Entre los resultados presentados por el gobierno federal, sobresalen las detenciones de líderes de los cárteles del narcotráfico, desviando deliberadamente la atención hacia esta manifestación de la criminalidad, a la que se han adjudicado todas las culpas y el móvil de todos los delitos.

 

            Pero el índice oficial de la eficiencia en la lucha contra la delincuencia excluye las evidencias de corrupción que involucran a los colaboradores de Felipe Calderón, amigos e incondicionales, como Juan Camilo Mouriño, el fallecido Secretario de Gobernación, y Genaro García Luna, actual Secretario de Seguridad Pública.

 

            Fernando Martí fue contundente cuando lanzó el dilema: o cumplen o renuncian; Nelson Vargas exhibió la podredumbre en las instancias encargadas de la investigación de los delitos; Isabel Miranda de Wallace indicó que “México Unido Contra la Delincuencia” -organismo infiltrado y cooptado por el propio Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública-  monopoliza la información sobre los casos de inseguridad en el país.

 

            Las denuncias, ciudadanas y públicas, terminarán en el cajón de los olvidos, como las cartas de Javier Herrera Valles, ex comisionado de la Policía Federal Preventiva que señaló las anomalías en la Secretaría de Seguridad Pública, ahora sujeto a arraigo.

 

            Es evidente que el criterio rector en el calderonismo es el apoyo incondicional a los incondicionales y que la impunidad es el único adjetivo para describir lo indescriptible; es obvia la existencia de esa atmósfera que repele y excluye cualquier atisbo de la realidad, porque en esa burbuja presidencial, la justicia y la paz social se postergan por  la comunión de intereses y el apoyo incondicional…    

 

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En algún lugar ambiguo y esquivo, en un resquicio de la condición humana y en estado latente, subsiste un ancestral mandato genético; por eso, cuando el ambiente es propicio, emerge el instinto de dominio y predomina la bestialidad…

 

            En el último minuto de la última sesión en el periodo ordinario 2011 de la Cámara de Diputados, el temerario representante de Durango, Ricardo López Pescador, lanzó una propuesta de reforma al artículo 24 Constitucional, que garantiza la libertad de culto y fundamenta la naturaleza laica del Estado Mexicano.

 

            La susodicha reforma, como la gran mayoría de las modificaciones legislativas, es imprecisa, ambigua. Lejos de esclarecer el significado del mandato constitucional lo complica y provoca interpretaciones bizarras y contradictorias. El elemento que se incorpora y que modifica este artículo es la “libertad de conciencia y de religión”, prerrogativa que se define como “la libertad del ciudadano de conservar su religión o  sus creencias o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual y colectivamente, tanto en público como en privado.”  

 

            Jurídicamente, la propuesta incide en la libertad de culto al definirla como una manifestación de las creencias religiosas. Semánticamente es una redundancia. La  lógica indica que no es una innovación pero la lógica brilla por su ausencia en la historia de los hombres, específicamente en el capítulo de las creencias.

 

Y en la historia de México, los enfrentamientos más violentos y encarnizados se registraron en las guerras matizadas con los tintes religiosos. Las Leyes de Reforma, sustento del estado laico, se promulgaron después de tres años de luchas insufribles entre liberales y conservadores; el parte de la guerra cristera arroja 250 mil muertes y las crónicas describen la polarización exacerbada de la sociedad en función del fanatismo. Esta propuesta de reforma al 24 Constitucional, con sus carencias y ambigüedades es lo suficientemente perversa para exacerbar los ánimos y motivar reacciones beligerantes. La jerarquía católica se congratula mientras la ciudadanía laica manifiesta su repudio en marchas de protesta, y en la víspera de un proceso electoral, la incursión de los fundamentalismos es sumamente riesgosa.

 

Porque hoy, como siempre y desde entonces, el dogma ha  sido el factor imponderable y esquivo, capaz de filtrarse por un resquicio de la condición humana para despertar los genes de la intolerancia y la violencia. Y justamente ahora, cuando la democracia debiera entenderse como una forma de convivencia, el riesgo del fanatismo está latente en un criterio perversamente ambiguo que propicia el dominio y las imposiciones y la bestialidad…

 

En algún lugar pletórico y vertiginoso  se concentran los efectos de aislamiento y se expanden los estragos de la indiferencia; y es justamente ahí, en un sitio sin reposo donde la identidad se disuelve en el anonimato…

 

            Entre los rasgos que distinguen a los habitantes de la aldea global predomina el individualismo, el ego exacerbado que aniquila la empatía; por los efectos de esa predisposición socialmente adquirida se atenúa, al grado mórbido, el mandato genético que hizo del hombre un ser social. Hoy por hoy, el mundo se ha transformado en un sendero de circulación incesante donde los transeúntes se desplazan apresurados sin mirar a su alrededor porque padecen el agobio galopante de la indiferencia. La paradoja de esta época consiste en la percepción: los individuos ensimismados deambulan sin percatarse de la realidad tangible que los envuelve porque su atención está capturada en las redes  de un tejido virtual.

 

            En el ajetreo cotidiano y por esa indiferencia lacerante, la belleza, la maldad y las perversidades pasan desapercibidas.  Así lo confirmó el experimento de Gene Weingarten, redactor del diario The Washington Post. Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo,  aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo: ataviado con pantalones de mezclilla, camiseta de manga larga, gorra y su Stradivarius (de 1713, valorado en 3,5 millones de dólares).  El 12 de enero del 2007 a las 7:51 de la mañana, el artista comenzó un recital de seis melodías de autores clásicos en la estación de L’Enfant Plaza en Washington, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo. Lejos de los grandes escenarios, entre las prisas y la apatía, el violinista  recaudó en su estuche 32 dólares y 17 centavos, durante  43 minutos. 1.097 personas pasaron cerca de él, sólo una mujer lo reconoció y muy pocos se detuvieron para escucharle.

 

            En julio del 2011, en la Ciudad de México, el empresario textil Miguel Moisés Sacal Smeke, propietario de una cadena de boutiques de ropa, estalló en ira, gritó, ofendió y golpeó a Hugo Enrique Vega,  portero del edificio donde vive. En la filmación de la cámara de seguridad se aprecian las humillaciones y el desprecio del magnate, pero también se perciben la sumisión de la victima y la cruel indiferencia de sus compañeros de trabajo quienes atestiguaron el incidente.  Esta  brutal exhibición de prepotencia fue imperceptible hasta el momento en que este  video se insertó en las redes sociales; fue entonces cuando se desencadenó el rechazo y abundó la discriminación en las etiquetas de miles de mensajes. Pero la vida siguió curso y el centro del mundo recuperó su egocéntrica ubicación.  Después de una breve saturación mediática todas las miradas regresaron al muro donde transcurre la vida virtual, al muro de la indiferencia que bloquea la percepción de la realidad latente y tergiversa los significados de la presencia y la compañía.

 

            La indiferencia como forma de crueldad se erige como la  hipótesis que confirma la naturaleza cambiante de una especie vulnerable. El primer capítulo en la historia de los hombres inicia cuando la afinidad y la empatía le permitieron sobrevivir  como especie; ahora, en la aldea global se concentran los efectos de aislamiento y se expanden los estragos de la indiferencia porque el mundo es un sitio sin reposo donde la identidad se disuelve en el anonimato…

En algún lugar del calendario nacional se inscribe con letras brillantes y afanes luminosos una celebración precipitada en una fecha postergada; pero las dimensiones del evento denuncian la magnitud de los vicios y la majestuosidad del festejo exhibe la cuantía de la perversión…

 

            La estela de luz, el monumento emblemático del México independiente fue inaugurado este fin de semana, muchos meses después de la conmemoración del bicentenario y unas horas antes de una marcha en protesta por las víctimas inocentes en la cruzada calderonista contra el crimen organizado. La obra consta de dos columnas de 104 metros de altura, que representan los dos siglos de autonomía del gobierno mexicano y se ubica en la entrada del Bosque de Chapultepec.

 

Felipe Calderón entregó este monumento a los mexicanos en una ceremonia triunfalista donde predominó el afán de encubrir los vicios con un exabrupto de música y pirotecnia y en su impecable discurso omitió mencionar a César Pérez Becerril, autor de la Estela, quien denunció la corrupción en la construcción de la obra. Pero los giros de la ironía son implacables y la luminosidad de este monumento no  basta para encubrir todas las inconsistencias e irregularidades que surgieron en este proyecto. La torre de mil 704 paneles formados de dos placas de cuarzo iluminadas por leds adquiere una carga simbólica exasperante porque es el resultado de los vicios que predominan en la elite gobernante.

 

            El Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, a cargo de José Manuel Villalpando, autorizó el pago del proyecto arquitectónico ejecutivo para la Estela de luz cuando todavía estaba incompleto. Cundieron las irregularidades y el favoritismo hacia la empresa Gutiérrez Cortina Infraestructura (Gutsa) a la que  III Servicios, filial de Pemex, le adjudicó directamente y sin fundamento legal la construcción de este monumento. Los recursos del fideicomiso para la Estela de Luz se dispararon de 200 a 1,122 millones 954 mil 542 pesos porque el costo total del monumento se incrementó, entre muchas razones, por la modificación de los cimientos  y la compra de materiales en el extranjero, como las placas de cuarzo que se iluminaron en su inauguración.

 

Después de no sé cuántos plazos postergados, gracias al derroche de los recursos públicos y a la discrecionalidad en las licitaciones, en México se yergue imponente el monumento a la corrupción y a la ineficiencia, la luminosidad de la Estela simboliza la opacidad en el dispendio del erario y su excesiva dimensión representa la exuberante parsimonia en las obras públicas. La Estela de luz es el ícono de los vicios en las alturas del poder.

 

Sí!… sé muy bien que esta polémica será fugaz, que conforme transcurran los meses y los días se desvanecerán en el imaginario colectivo las ofensas a la ciudadanía que se materializaron en esta magna obra, y sé también que en el futuro la Estela encandilará a propios y extraños, que el exceso de luz encubrirá su opacidad, que las cifras sombrías de la corrupción se integrarán a las malas lenguas  y que sólo una minoría, unos cuantos iluminados, podrán advertir que sus dimensiones denuncian la magnitud de los vicios y que su majestuosidad exhibe la cuantía de la perversión…

“La enfermedad mortal de las democracias
es la renuncia de los ciudadanos a participar”.
José Saramago

Dedicada a mi tío: Arturo Murillo

En algún lugar meteorológico, por encima de la línea de flotación y sobre la curvatura más tenue del horizonte es posible vislumbrar el clima que se aproxima; y a veces, si la atmósfera está contenta, se pueden predecir los ánimos y las precipitaciones sociales…

El clima electorero se caracteriza por las precipitaciones triunfalistas, por las desavenencias con los plazos legalmente establecidos y por la animosidad del criterio partidista. En estas circunstancias, la ciudadanía se ve expuesta a un bombardeo proselitista de mensajes contradictorios y cunde la desinformación; cuando se exacerban los ánimos en la contienda electoral suelen desatarse escándalos aberrantes y predominan el repudio y el hartazgo sociales.

Sí!.. es una fórmula nefasta pero comprobada hasta el cansancio: cuando se incrementa la divulgación de perversidades se agudiza el rechazo. Y en una reacción en cadena, el desencanto de la ciudadanía provoca una apatía expansiva, y así, la soledad y el vacío ocupan la explanada de la democracia. Esa plaza pública, donde los ciudadanos participan en la toma de las decisiones que afectan la vida y el provenir de todos, corre el riesgo de convertirse en un páramo, en un desierto habitado por las huestes de la partidocracia quienes deciden el rumbo del destino nacional.

El ágora posmoderno presenta ya los estragos del abandono, pero no son irreversibles porque en cada ciudadano reside la posibilidad de revertir la tendencia que favorece exclusivamente a la clase gobernante. En este momento histórico se confrontan la ciudadanía y las aristocracias fácticas: la partidocracia produjo una pseudo reforma electoral que aminoró el poder de la mediocracia, que transmite mensajes para debilitar la confianza en las autoridades electorales. Y es preciso aclarar que los ataques al Instituto Federal Electoral, (IFE) hieren la integridad del electorado, porque esta institución articula el interés y la voluntad de todos los ciudadanos que lo conforman.

Ante las inclemencias que se avecinan es imperativo atender la convocatoria del IFE y ejercer plenamente la ciudadanía como funcionarios de casilla, como capacitadores asistentes o supervisores, como observadores o consejeros. Es necesario que los mexicanos acudan a la explanada de la democracia y ocupen el lugar que legítimamente les corresponde y que hagan valer su derecho a intervenir en las grandes decisiones para revertir los pronósticos que auguran la apatía, desánimo y el abstencionismo en las precipitaciones sociales…

En algún lugar del horizonte, cuando la incertidumbre es el color predominante del destino, y cuando la única certeza se fracciona en mil contingencias, en ese preciso instante, se activa un mecanismo ancestral, despierta un instinto perpetuo para preservar la especie y embellecer el mundo…

Cuando el clima cambia y el hábitat se transforma, cuando la ciencia ficción se materializa en aparatos cotidianos, cuando los pronósticos más aventurados palidecen ante las crónicas de la realidad, la única constante universal se condensa detrás de las fronteras de la piel.

Sean cuales fueren el color del porvenir y la textura del destino, el único motor capaz de generar soluciones a contingencias impredecibles, funciona con el ingenio. En el territorio intangible del raciocinio habitan todas las fórmulas por despejar, todos los enigmas por descubrir; y para convertir este planeta en un lugar habitable, será necesario activar los engranes de la inteligencia y alimentar el motor del ingenio con partículas de sensibilidad.

La esperanza en un mundo mejor reside en la capacidad del hombre para construir su destino, en la firmeza de sus edificaciones, pero sobretodo, en el grado de generosidad respirable en las moléculas suspendidas en el aire y en su capacidad para embellecer todos los átomos del ambiente.

La especie humana ha sobrevivido a hecatombes, catástrofes, tragedias, cataclismos, holocaustos, revoluciones, tiranías, y lo ha hecho desplegando sus capacidades cognitivas y artísticas, compartiéndolas con generosidad.

Por eso ahora, en el apogeo de la crisis deshumanizante será preciso derrochar empatía y cordialidad, ostentar generosidad y prodigar aquello que siempre ha sido realmente valioso: los apreciados minutos de nuestro tiempo y los átomos de la sincera consideración.

El único elemento que jamás pierde su valor, aquello que nunca de deprecia ni se devalúa, es la quintaesencia que nos confiere la calidad de humanos, es por eso que ante las adversidades y las amenazas… se activa un mecanismo ancestral, despierta un instinto perpetuo para preservar la especie y embellecer el mundo…

Muchas, muchísimas veces: mil gracias a mis lectores, porque su amable consideración le confiere sentido y significado a mis palabras.

Feliz Año Nuevo!

Víspera navideña

En algún lugar del tiempo, entre los ciclos perpetuos de la vida existe un leve declive, una temporada de reposo; es entonces cuando el aire respirable se impregna con el eco instintivo y todos los seres vivos buscan el calor del refugio; y en esa tregua existencial, se revitaliza el ánimo y resurgen las esperanzas fallidas…

Con el solsticio del invierno principia un periodo de gracia existencial; desde la oscuridad de los tiempos, en esa época se atenuaban las pasiones y cesaban las hostilidades; los mercenarios abandonaban el campo de batalla para volver en la primavera; y en todos los rituales y en todos los dogmas, esos días se han consagrado a la reflexión. Pero la humanidad es una especie en evolución. La ruptura de paradigmas y el surgimiento de nuevos modelos ha sido la constante en el trayecto histórico de los hombres. Y ahora, en un proceso inexorable se desvanece lo que alguna vez fue un periodo propicio para reforzar los lazos afectivos y solidarios y se posterga la ocasión para reincidir en los sentimientos más sublimes.

Si alguna certeza ha sido permanente en este mundo es que nada es para siempre y que las verdades no son absolutas. La diversidad de visiones y el resurgimiento de criterios minoritarios que caracterizan a la posmodernidad han logrado cuestionar las bendiciones de un sistema de mercado y han exhibido las crueldades de la ética del lucro. Si el paradigma de esta época es el individuo egocéntrico, con la ruptura se recupera la esencia humana de los habitantes de la aldea global. Los profetas posmodernos aguardan el advenimiento de un humanismo pleno que glorifique la igualdad, la equidad y la felicidad como derechos inalienables e irrenunciables.

La crisis y las amenazas exigen esfuerzos extraordinarios, y éste es un momento decisivo, es la oportunidad para reorientar los anhelos, podría ser el umbral de un mundo más justo, tal vez, es la ocasión ideal para recuperar las utopías que desfallecieron en un sistema inclemente. Y es muy probable que en este invierno el aire respirable se impregne con un eco instintivo y todos los seres vivos busquen el calor de un refugio; y espero, de todo corazón, que en esa tregua existencial, se revitalice el ánimo y resurjan las esperanzas fallidas…

En esta Navidad, con mi sincero agradecimiento por la atención que a mis palabras se le concede, comparto mis anhelos con todas las miradas que coinciden en este breve espacio: deseo que la aspereza del entorno no endurezca nuestra esencia, que la luz del sol refrende todos los días nuestro derecho a ser felices, que el amor nos fortalezca y nos haga invulnerables, que nos hermane la convicción inquebrantable de cambiar al mundo.

Feliz Navidad!

Frontera y sublimación

En algún lugar fronterizo, sobre la línea que separa al sueño americano y al desencanto mexicano, se produce el efecto insólito de la sublimación y la consistencia de las verdades se evapora, y al cruzar el lindero, la solidez de las virtudes adquiere la volatilidad de los vicios…

Las fronteras delimitan el alcance geográfico de los usos, las costumbres y las tradiciones; establecen el rango territorial donde predomina la visión del mundo de sus habitantes, sus afanes y sus fobias, sus delirios y sus mitos. La frontera es la grieta en un muro inescrutable por donde se filtran los migrantes que huyen de la miseria nacional. Y por las declaraciones recientes en el New York Times las fronteras adquieren una atribución insólita: son el filtro de las verdades. Bajo el argumento de identificar la manera en que los criminales mueven su dinero, dónde guardan sus bienes y quiénes son los líderes, agentes encubiertos de la Administración Federal Antidrogas (DEA) han manejado cientos de miles de dólares de dinero ilegal a través de la frontera.

Las operaciones encubiertas de las agencias norteamericanas recientemente reveladas por el NYT describen una tendencia que contradice el discurso oficial de las administraciones de ese país, al menos en apariencia: su afán por detener el flujo de drogas hacia su territorio y el apoyo que “generosamente” ofrecen al gobierno mexicano para combatir al crimen organizado no coinciden con el envío subrepticio de armas y dinero que habilitan a los carteles de la droga para continuar funcionando y expandir el ámbito de su dominio. El efecto sublimador de la frontera se produce cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos admite que la DEA realiza operaciones encubiertas de lavado de dinero, que éstas se llevan a cabo con la autorización previa del Congreso en aplicación de la Ley de EU, frecuentemente en colaboración con sus contrapartes extranjeras (léase: mexicanas!), y que han sido descritas en detalle en numerosos casos, reportes y conferencias de prensa en las pasadas tres décadas.

Si: un cargamento de droga procedente de México cruza la frontera estadounidense se convierte en un delito; y sólo sí: un cargamento de dólares procedente de Norteamérica cruza la frontera mexicana se transforma en una operación encubierta; luego entonces: los motivos de un combate en un país se transforman en el rubro financiero que genera ganancias millonarias en el otro.

Pero ésta sublimación tiene matices trágicos: el combate al narcotráfico ha sido la prioridad del calderonismo, la causa de una lucha sin cuartel, de 50,000 muertes y de la denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional; marca la postura de los partidos y será el elemento ineludible en las campañas de proselitismo. Pero al cruzar la frontera, esta guerra, que no es guerra, se transforma en una operación financiera de gran escala que encubre a sus beneficiarios; y al ras de la superficie, los vicios son un negocio rentable para unos y una perversión que debe erradicarse para otros, porque más allá del lindero, la solidez de las virtudes adquiere la volatilidad de los vicios…

Imágenes parlantes

En algún lugar del proselitismo, en la factoría de carismas y perfiles existe un laboratorio metafísico, y ahí, bajo la presión del escrutinio y soportando el fuego inclemente de la contienda, las personalidades ficticias deberán trascender el plano vacío de la imagen…

En el inicio del proceso electoral rumbo a la presidencia en el 2012 se advierte el predominio de la imagen de los candidatos sobre la percepción de los partidos políticos. La estrategia mediática se sustenta en la inverosímil capacidad para el olvido selectivo de los electores: la promoción exhaustiva del carisma diseñado para un candidato deberá ser suficiente para anular los escándalos de la partidocracia en la memoria colectiva.

Pero existe un elemento inesperado: los tiempos establecidos para el inicio de las campañas y la difusión masiva de mensajes proselitistas. El silencio mediático establecido por la ley electoral es la ocasión ideal para comprobar la solidez de las imágenes públicas de los virtuales candidatos Andrés Manuel López Obrador por el PRD y Enrique Peña Nieto por el PRI. El acceso a los medios masivos está restringido a sus participaciones en eventos públicos donde, por mera cortesía, se les conceda el uso de la palabra pero sin emitir mensajes persuasivos invitando al voto. Las imágenes diseñadas de los candidatos deberán adquirir consistencia y trascender el plano unidimensional de los logotipos; el discurso, por breve que sea, reforzará o destrozará las imágenes cuidadosamente elaboradas. Y ahí, en situaciones disímiles y en escenarios alternos, fuera de su entorno habitual se pondrá a prueba la consistencia de los carismas diseñados porque las palabras trascienden a la imagen y proyectan la capacidad intelectual del hablante. Y dicen los que saben, que en las expresiones espontáneas inicia el despegue o la debacle de una campaña.

Por lo pronto, ya se registraron las primeras frases que esclarecen el carácter y intelecto encubiertos detrás de una imagen espectacular: Andrés Manuel asumió la candidatura por los resultados de las encuestas realizadas en el PRD y en el ánimo de victoria aseguró que si se le hubiera reconocido el triunfo en el 2006, en lugar de Lula y Brasil, en el mundo se estaría hablando de México y de él. Y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, durante la presentación del libro “México, la gran esperanza”, Enrique Peña Nieto aseguró que leyó algo que seguramente alentó su vocación por la política; dijo que fueron varios libros, o algunos, pero confundió el título y el autor del único libro que logró recordar.

El electorado ha soportado heroicamente el bombardeo mediático de dos campañas presidenciales y el desencanto resultante provocó el hartazgo por los artificios de la propaganda. La contienda exige esfuerzos inauditos porque las personalidades ficticias deberán trascender el plano vacío de la imagen…

Momentos estelares

En algún lugar perpetuo, sobre las órbitas excéntricas del tiempo se producen coincidencias excepcionales que se materializan en afinidades expansivas que abandonan el silencio y rompen los paradigmas imperantes; y en esas circunstancias y sólo entonces, es posible vislumbrar los momentos estelares de la humanidad…

La transición entre las épocas suele ser un periodo de contrastes en el que se agudizan las diferencias, las condiciones en que sobreviven las multitudes llegan a niveles insufribles mientras las élites acaparan todos los privilegios e imponen su visión del mundo. En la sociedad de mercado los consorcios del capitalismo industrial impusieron la ética del lucro y glorificaron el consumo compulsivo: para ser feliz es indispensable comprar y el valor de las personas varía en función de su poder adquisitivo. Por esta imposición, las festividades giran en torno al consumo y el mejor de los ejemplos es el Viernes Negro cuando hordas frenéticas irrumpen en tiendas y almacenes buscando la felicidad en el vértigo compulsivo de mil y un ofertas.

Pero las idiosincrasias tienen una fecha de caducidad, que coincide con una temporada de cambios en el entorno social. Y el imperio del consumo no será la excepción. Al margen del mercado, donde lo valioso se materializa, ha sobrevivido la visión humanista, esa convicción que denuncia los estragos de un sistema inclemente que produce gente indiferente y ensimismada. En la posmodernidad se inicia un proceso inexorable: las minorías del pasado ahora son mayorías dispuestas a defender su derecho a la felicidad, en los grupos marginados surge la empatía como elemento de cohesión y los rígidos modelos sociales tienden a suavizarse.

En el vienes negro reciente, en el fragor de las compras se escucharon las protestas de los indignados, ese ejército de desafortunados que han perdido la cualidad indispensable para sobrevivir en este mundo: la solvencia. Este movimiento de indignación se expandió rápidamente en todo el mundo porque la producción de marginados no ha cesado desde la primera revolución industrial y, hoy por hoy, la insolvencia alcanza niveles nacionales por la propagación de la volatilidad financiera.

El sistema global sustentado en el consumo se tambalea: la crisis por endeudamiento en la zona euro está extendiéndose rápidamente y los mercados temen un efecto de contagio de dimensiones inimaginables hacia otros países y regiones. Estas son condiciones para el advenimiento de una época de transformaciones y cambios significativos en las convicciones y en las prioridades. Porque los periodos críticos provocan reacciones extraordinarias, entre las ruinas de los imperios yacen los cimientos de un nuevo orden social y en el porvenir se vislumbra el resplandor de uno de los momentos estelares de la humanidad…

Un mundo sin humanos

“La solidaridad no se reduce al movimiento intimista de la compasión, sino que se amplía a la promoción de una justicia humanizadora para todos.”
Ramón Mínguez Vallejos

En algún lugar del porvenir, entre la ciencia y la ficción, existe un laboratorio donde se analizan los efectos de la materia sobre la conciencia; el resultado de un sinfín de experimentos cristaliza en las versiones posibles del hombre en un entorno deshuminazante…

Desde siempre, el conocimiento de las fuerzas que gobiernan el planeta le facilitó al hombre la ardua tarea de sobrevivir, y desde entonces, los avatares del progreso han modificado los hábitos y las actitudes; hoy por hoy, la tecnología impregna todas las esferas del quehacer humano y su influencia en la cotidianidad se manifiesta en el consumo como valor prioritario de individuos ensimismados, habitantes virtuales de la aldea global, conectados pero aislados. Y en este entorno materializante se diluyen la empatía y la solidaridad ante el predominio del ego como el origen de todos los afanes. Alguna vez, todo lo sólido se desvaneció en el aire, y ahora, la vida es un fluido efímero: los lazos afectivos se condensan y se evaporan la proximidad y las afinidades.

Un rasgo distintivo de la posmodernidad es la fragilidad de los vínculos entre los seres humanos, y una secuela inexorable de esta vulnerable condición se percibe en el entorno familiar, donde se extingue la calidez del resguardo. El hogar se transforma en un ambiente controlado donde coinciden los miembros de una familia pero no conviven ni se comunican. Cada cual atiende sus propios intereses. La presencia física no implica compañía, sobre todo cuando se vive al pendiente de lo que sucede en las redes sociales.

Y en este escenario se escuchan voces que advierten que la educación se ha reducido a la transmisión de los saberes indispensables para competir en el mercado de las oportunidades, y que no implica la formación de profesionales sensibilizados con la realidad social ni de ciudadanos capaces de reconstruir la equidad destruida por la ética del lucro.

Ante el individualismo, como dogma social que entroniza la indiferencia, surge la responsabilidad como un compromiso ético hacia los semejantes. La voluntad, la entrega y el esfuerzo de los padres permitirán que los hijos descubran lo que es verdaderamente importante en su vida; en la escuela, la nueva perspectiva de la educación implica la formación de seres humanos sensibles a las necesidades sociales con la determinación suficiente para solucionarlos.

Porque es imperativo reforestar el yermo del individualismo exacerbado con el germen de la solidaridad, erradicar la frialdad que materializa las esperanzas y reencauzar el rumbo del destino hacia un mundo más justo para escribir la nueva versión del hombre en un entorno humanizante…

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