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Epidemia global

            

           

             En algún lugar de la globalidad, entre las barras intangibles de códigos binarios, deambulan los espectros de una ideología compulsiva; los estragos de un dogma insulso se materializan en la angustia cotidiana, y las secuelas de los fatuos excesos perturban el porvenir…

 

            La crisis financiera en EUA  amenaza propagarse a todas las economías del mundo con la velocidad de un virus mutante y corrosivo; pero la pandemia global en el reino del mercado también es la consecuencia de una peste vaporosa que infectó la sensatez y distorsionó los valores éticos. La propagación fue incontenible porque el virus pulula en un entorno donde predomina la falacia y circula vertiginosamente a través de imágenes.

 

            En pocos días se materializaron las críticas que se desestimaron en su momento, y ahora, las economías padecen los excesos de la fluidez irrestricta de las leyes del mercado. Pero la debacle del liberalismo globalizado apenas inicia porque la crisis virtual del sector financiero e inmobiliario se ha trasladado al entorno de la economía real. 

 

            El virus que catalizó esta peste globalizada se incubó en el modelo económico estadounidense, sustentado únicamente en volúmenes exorbitantes de producción y en el consumo exacerbado, y las secuelas irreversibles fueron el endeudamiento desmesurado y la insolvencia generalizada.  La salud en las finanzas públicas y privadas se dificulta porque las mutaciones de los mercados superaron la evolución de las leyes que alguna vez intentaron regularlos.

 

 Una recesión aguda en el 2009 es el barrunto generalizado y la evidencia del paroxismo en el reino del mercado es la cauta divulgación de un mensaje contrario al dogma predominante, y ahora ante la crisis se aconseja no adquirir lo superfluo, no comprar lo innecesario, no sucumbir en la fiebre de las compras compulsivas. La crisis del modelo de mercado se ha manifestado en el  desmoronamiento de la idiosincrasia del consumo, y en el mundo concreto y cotidiano ya pocas cosas cuestan realmente lo que valen.

 

            Pero la decadencia del paradigma instituido por la ética del lucro implica un quebranto más profundo que la insolvencia económica; implica un abrupto reajuste en los estereotipos vigentes, y la erradicación de: compulsiones y adicciones, de un estilo de vida y de una forma de percibir el mundo.

 

            La actitud propagada entre los habitantes de la aldea global entronizó al mercado como única constante universal, y la alienación al modelo se lograba a través del consumo como el eje de la actividad económica y como el criterio para definir el éxito en el entorno social. La tecnología es la quimera posmoderna que invadió todas las manifestaciones de la conciencia humana y es el eslabón que encadenó a los consumidores y los sometió al corporativismo mercantil.

 

            Aún en el umbral de la crisis, los modelos de excelencia en el reino del mercado sugerían una vida enfocada al consumo como placer; la prosperidad equivalía a la acumulación de propiedades y el éxito implicaba ostentación.

 

Por las características del entorno, surgió un padecimiento crónico y agudo entre los súbditos del reino del mercado: el síndrome de la globalidad, que se adquiere por la adicción al trabajo, a través del manejo institucional del stress, por contagio de la neurosis colectiva y por la dispersión masiva  de la ansiedad ante una eminente pérdida del empleo. El síndrome se agudiza cuando se asimila la consigna de que es sano vivir con cierto nivel de tensión y que la única realización personal surge por la eficiencia operacional.

 

La manifestación más frecuente del síndrome es la angustia, socialmente compartida, de vivir en la cartera vencida del Buró de Crédito; las deudas contraídas provocan un estrés de alta intensidad, y ante la imposibilidad de pagar una deuda que crece diariamente y por las amenazas de embargo, aparece un círculo vicioso que inicia con el insomnio, lo que provoca crisis nerviosas, que derivan en una depresión, que alimenta a un monstruo invisible que devora la tranquilidad.

 

Ahora, el orden global se transforma minuto a minuto, la idiosincrasia mercantilista se desvanece por la crisis financiera, y la decadencia de los paradigmas de la globalización liberal agrava la atribulada salud mental de los consumidores cautivos del mercado. El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, declaró que “los riesgos que amenazan al entorno económico global son los más graves y difíciles de la memoria reciente”.

           

La amenaza se cierne sobre todos, porque las grandes rupturas se han producido cuando los dogmas intangibles no resisten el rigor de la realidad concreta; los grandes relatos han sucumbido al ras de la tierra por las contradicciones de la condición humana. Hoy por hoy, cuando el reino del mercado se reconfigura, ante la decadencia de una ideología hueca y compulsiva, para combatir la plaga del crédito que asola regiones enteras, el único remedio sensato consiste en invertir las prioridades y otorgar un justo valor al patrimonio  intangible, en conservar intacto el legado íntimo, imposible de cuantificar, y de embargar.

 

El único alivio para los estertores financieros consiste en generalizar la confianza, pero la agonía del estereotipo global debería preceder a una nueva actitud; será necesario reubicar al individuo en el centro de la percepción social, recuperar la felicidad como un derecho inalienable y ejercer en forma masiva la templanza, la compasión  y empatía para resarcir…  los estragos del dogma insulso materializado en la angustia cotidiana, y para cauterizar las secuelas de los fatuos excesos que perturbaron el porvenir…

Laura M. López Murillo

Índice de perversidad

En algún lugar de la incertidumbre, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y es por eso, que en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

            La crisis financiera y la recesión de 1929 son los episodios más escabrosos en la historia moderno, y los fantasmas más siniestros en el mundo capitalista, es por eso que la simple enunciación de esos espectros produce ansiedad y pánico. Pero la debacle económica de un sistema erigido sobre los caprichos del mercado dejó de ser una remota posibilidad, abandonó el ámbito de las elucubraciones, hizo acto de presencia, y todo parece indicar que llegó para quedarse por un buen rato.

 

            El mercado, como punto de convergencia y engrane maestro donde confluyen todos los intereses, es una de tantas invenciones de los seres humanos; pero además, en el duopolio intangible del Debe y el Haber, se agudizan y se magnifican las repercusiones de las intenciones. Un rumor infundado es capaz de disparar el índice de precios y cotizaciones.

 

            El mercado está irremediablemente sujeto a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, es altamente vulnerable y su comportamiento depende de la veracidad de la información, de la credibilidad de los participantes, de la certeza de los contratos, del rumbo de las decisiones. Todos estos factores son tan efímeros e insustanciales como el aliento de dragón embotellado al alto vacío, porque la ubicuidad es el ámbito del mercado global y la subjetividad su quintaesencia.

           

            Pero si la naturaleza del mercado es etérea y volátil, sus estragos son definitivamente concretos, mundanalmente típicos, cuantitativamente observables, porque los desequilibrios en las teorías financieras siempre se traducen en abruptos desajustes en la vida práctica.

 

Cuando el mercado entra en crisis  se produce una reacción en cadena, implotan  argumentos, teorías, supuestos, modelos. Deambulan  explicaciones inútiles, diatribas y peroratas enardecidas, que nada remedian, porque el principal factor de riesgo en el mercado global se sustenta en una inequidad colosal: una élite decide el rumbo del mercado, que incide en la calidad de vida del resto del mundo.

 

El factor se agudiza cuando se aplica a los millones de personas que viven en condiciones de pobreza, sea cual fuere el rango o su clasificación. Y si además se ponderan el perjuicio y el quebranto causados a la multitudinaria clase trabajadora por operaciones ultra-mega-hiper-millonarias, y se multiplican por el rango de legalidad de transacciones  inmorales, la resultante será el indicador de un modelo carente de ética y sensibilidad social, excedido de avaricia, paupérrimo en humanidad.

 

Vgrs: la  práctica de la especulación de capitales, productos derivados y  títulos, actividad perversa por naturaleza, es una evidencia de la ubicuidad en que opera el mercado. Sólo en la virtualidad de los valores financieros es posible justificar la legalidad de un acto premeditado, deliberado, alevoso, ventajoso, cuyas consecuencias lesionan a una gran mayoría de incautos. La licitud de los delitos financieros surge por su omisión en las leyes, y la única sanción posible se produce en el territorio de la moralidad.

 

Y ni siquiera eso;  los responsables de la especulación de la moneda en México están debidamente protegidos por el blindaje legaloide del régimen calderonista. Alegando que la especulación no es un delito, esgrimen la responsabilidad en el quebranto económico de millones de mexicanos.  Ahí se comprueba el índice de la perversidad del modelo económico vigente.

 

 ¿Yo?… Se me ocurre que, tal vez, desde el satélite de la metaficción, este capítulo de la vida sobre el planeta Tierra  podría describirse en una alegoría posmoderna de aliento exacerbado. Pero ahora y aquí, en el mundo del lucro, lo ético se opone a lo financiero, lo moral a lo legal, y en estas contradicciones surge una densa incertidumbre que acentúa la jodidez como estrato generalizado y globalizante;  en la virtualidad del mercado global, el dinero  carece de forma, sustancia y color, porque todo es efímero, excepto la angustia causada por la evaporación del porvenir; las decisiones son un privilegio de la élite y las repercusiones la responsabilidad de todos, nadie sabe nada, pero todos se preparan para enfrentar un futuro incierto, deambulan versiones de la realidad que carecen de credibilidad y pululan amenazas etéreas e insospechadas, y por todo eso, en el clima de la crisis se desvanecen paulatinamente las posibilidades y las oportunidades se marchitan antes de florecer…

 

Alquimia social

En algún lugar metódico, donde el rigor científico pondera todos los fenómenos,  entre los porcentajes y las estadísticas existe una excepción incuantificable; el albedrío es ese prisma indefinible que esquiva todas las fórmulas, y es por eso, que aún no existe un mapa de los recovecos de la condición humana…

 

            Los comicios electorales del 4 de noviembre serán la ocasión perfecta para cuantificar lo imponderable. La elección presidencial en Norteamérica no sólo confronta los proyectos de los partidos políticos y la personalidad de los candidatos,  éste ejercicio democrático involucra actitudes del electorado que permanecieron en el sótano del inconsciente colectivo debidamente custodiadas por un ejército de prejuicios.

 

            El predominio del racismo y la supremacía blanca, la extensión de la ignorancia  y la magnitud del conservadurismo a ultranza, han eludido cualquier medición hasta este momento. En una inmensa espiral de silencios, los encuestados ocultaron su verdadera intención de voto; plenamente conscientes de los valores políticamente correctos, los  racistas y ultraconservadores ocultaron el sentido de su voto.

 

            El contraste entre Barak Obama y John McCain trasciende las cuestiones raciales: los comicios electorales definirán la idiosincrasia predominante, el color del inconsciente colectivo. Los norteamericanos también deberán decidir respecto al aborto y la legitimidad de la unión civil entre homosexuales; también definirán las atribuciones de su gobierno y las prioridades de la administración pública. Los matices históricos surgen porque esta elección se materializará el criterio de los estadounidenses en el contexto de una hegemonía decadente.

 

            Estas elecciones se realizarán en medio de la peor crisis económica en la historia norteamericana, cuando se han confrontado dos discursos completamente opuestos y dos personalidades recíprocamente excluyentes: mientras Barak Obama propone la ruptura de paradigmas para reorientar el rumbo de las políticas públicas, John McCain encarna al patriotismo exacerbado y defiende las prioridades de la economía bélica y el dogma del expansionismo.  

 

            Los pronósticos son reservados, porque el comportamiento del electorado norteamericano ha sido impredecible, dando lugar a resultados inverosímiles, como el segundo periodo presidencial de George W. Bush. Además del esquivo factor racial en las encuestas, existe un patrón persistente de fraude electoral, perfectamente implementado y culturalmente asimilado en varias regiones del país. En estas circunstancias, la jornada electoral no solo determinará al presidente y la composición del Congreso, también se evaluará la eficiencia de todo el aparato democrático.

 

El resultado del sufragio popular cuantificará la influencia de los sectores sociales en el porvenir nacional; se consolidará la presencia del sector hispano, o se manifestará públicamente el fervor de los grupos racistas y xenófobos, o se actualizan los perjuicios arcaicos y obsoletos.     Independientemente de quien resulte vencedor, el proceso electoral determinará la composición exacta del pensamiento del pueblo norteamericano.

 

Por  todo eso, el martes será una oportunidad  extraordinaria para la alquimia social: por esta única ocasión, será posible capturar en un matraz el calor de la esperanza, evaporarlo y condesarlo bajo la frialdad de las cifras; en una molécula suspendida se identificarán los enlaces afectivos y las partículas de solidaridad que flotan en el aliento de las minorías; se obtendrá el suero de la identidad y se harán todas las combinaciones posibles; y tal vez, los alquimistas definirán el prisma del albedrío que ha esquivado todas las fórmulas, y  trazarán el primer esbozo de los recovecos de la condición humana…

En algún lugar de la desventura, cuando se percibe una esperanza en el porvenir, justamente en el horizonte de las expectativas, las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

 

Las albricias del triunfo electoral de Barak Obama provocaron el júbilo multitudinario porque llevaban implícito un mensaje de esperanza y reivindicación a las minorías y a los grupos marginados. En todos los rincones de la desventura se anunció el primer gran retroceso de la discriminación y del racismo en el bastión de la xenofobia.

 

El próximo presidente de Norteamérica es la manifestación tangible del sueño americano, la encarnación del anhelo de miles de migrantes que buscan un porvenir mejor en ese país. Sin embargo, todos los asuntos relacionados con las fronteras y los trabajadores migratorios fueron excluidos de los debates y de los discursos durante el proselitismo. 

 

La tendencia de Obama como candidato inició como una respuesta a los reclamos de los familiares de los soldados en Irak,  prometiendo un cambio a los grupos vulnerables, a las minorías marginadas y al sector flagelado por el desempleo y la crisis  hipotecaria. Pero gradualmente, las propuestas se suavizaron conforme la candidatura adquiría fuerza, fondos y simpatizantes. Por eso ahora, ante el umbral del imperio, es imprescindible que Obama incluya en su discurso y en su agenda la reivindicación de la estirpe que lo llevó a la cima del poder.

 

El voto y la simpatía del sector hispano fueron determinantes en el resultado de los comicios del 4 de noviembre: he ahí la razón y la fuerza del proyecto de una reforma migratoria integral que presentará a Obama la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero, cuya propuesta no consiste en la regularización de los ilegales en Estados Unidos, sino en institucionalizar la migración, y eliminar la persecución y la criminalización de los trabajadores migrantes.

 

Este mensaje llegó a Mexicali con la visita de  Alan A. Benjamin, coordinador de The Organizer, periódico afín al Acuerdo Internacional de los Trabajadores y los Pueblos (AITP), y Al Rojas, representante del Frente de Mexicanos en el Exterior, quienes participaron en la Segunda Conferencia Binacional “Globalización Migración/Inmigración” en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), y asistieron a una Mesa de Redacción en el periódico la Crónica de BC.

 

Como representantes de los trabajadores extranjeros en Norteamérica expusieron que aún predominan la explotación y la discriminación, el racismo y el abuso,  el incumplimiento de las prestaciones elementales, y que estas circunstancias se extienden a los convenios conocidos como “Programa de Trabajadores Huéspedes”.

 

Explicaron que el deterioro de las condiciones de trabajo, incluso el fallecimiento durante las jornadas en el campo, son algunas de las consecuencias del pacto entre la Unión de Trabajadores del Campo (United Farm Workers),  el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y los empresarios del sector agrícola. Los llamados “agribusiness” actualizan las aberraciones de la explotación que se creían superadas.

 

Indicaron que la respuesta del gobierno estadounidense a las movilizaciones multitudinarias del 2006 fue una represión feroz contra los migrantes: redadas, ordenanzas y operativos policiacos fueron implementados para la expulsión masiva de  indocumentados.

 

Por eso ahora, ante Obama, como la figura que concentra las esperanzas de las minorías, esperan que la realidad surja en las líneas del discurso político, que las palabras se despojen de la máscara que oculta el padecimiento de miles de trabajadores desprotegidos, y que los títulos de las reformas y programas designen su verdadera dimensión.

 

Porque en el discurso político las palabras adquieren una cualidad turbia y perversa para encubrir la realidad; por eso,  se aprueban leyes y se implementan programas cuyo objetivo es el antónimo del título; y cuando se dice “apoyo” se promociona la “indefensión”, con el sustantivo “huésped” se ocultan mil y un abusos, por la palabra “amnistía” debe entenderse “persecución”, y bajo el ideal genérico de los “derechos” yacen las aberraciones de la explotación.  

 

Pero las palabras se clarifican en un entorno solidario, se purifican con la velocidad de la empatía y se engrandecen por la coincidencia. Y así,  en el entorno virtual se configura la multitud que el próximo 21 de enero marchará desde todos los rincones de la desventura para exigir un discurso acorde con la realidad, una cita en la agenda presidencial, un rubro en la legislación y un espacio digno en una sociedad que se ha enriquecido explotando a quienes desprecia.

 

En las palabras de Al Rojas, sobresale la necesidad de eliminar las etiquetas despectivas, los estigmas insultantes y los peyorativos, porque la fuerza de trabajo que ha soportado el peso de la economía estadounidense no está formada por hispanos o mexicanos, ni por latinos o sudacas, ni por ilegales o braceros, ni por indocumentados o migrantes: está formada por seres humanos dispuestos a trabajar para ganar dignamente el sustento.

 

La presidencia de Obama representa la realización inusitada de una ficción y es una oportunidad por mucho tiempo esperada; por primera vez, residirá en la Casa Blanca un heredero de la porción de la humanidad históricamente más ultrajada y despreciada, y es ahí, justamente en el horizonte de las expectativas, donde las palabras deben despojarse  de los artificios y los significados deben desnudarse; sólo entonces, el discurso público proyectará la realidad y se extenderá desde el callado suplicio cotidiano hasta la justicia social, desde la marginación hasta la igualdad…

En algún lugar del régimen, sobre el perímetro que condensa las atribuciones del poder, existe una atmósfera repelente que excluye cualquier atisbo de la realidad; por eso, dentro de la burbuja presidencial, los motivos más contundentes en la toma de decisiones, son la comunión de intereses y el apoyo incondicional…

 

            Los adjetivos que califican y describen a un régimen suelen asignarse en función de las acciones gubernamentales emprendidas, de sus resultados y de los ajustes y reacciones correctivas. En esa lógica, la actuación de Felipe Calderón como mandatario podría describirse como la institucionalización de un compacto círculo de amistades incondicionales, como la oficialización de la impunidad.

 

            A cien días del Acuerdo Nacional para la Seguridad, el único resultado obvio es la desesperanza generalmente compartida: los reclamos públicos de Fernando Martí, Nelson Vargas e Isabel Miranda de Wallace, son la ínfima proporción de todos los secuestros que se cometen en el país; los tres padres de familia, como valerosos denunciantes, conforman un porcentaje microscópico de todos los ciudadanos afectados y  las familias ultrajadas por el secuestro.

 

            Existen más de mil familias en el quebranto moral por las aborrecibles consecuencias del secuestro, pero esa inmensa mayoría no dispone de los recursos para  denunciar públicamente la negligencia de las autoridades. Y aún peor, los tres niveles de gobierno aluden a la denuncia ciudadana como el mecanismo para reducir la criminalidad, pero evaden la cifra negra, ese doloroso porcentaje de los casos no denunciados por la desconfianza en las corporaciones policiacas.

 

            Entre los resultados presentados por el gobierno federal, sobresalen las detenciones de líderes de los cárteles del narcotráfico, desviando deliberadamente la atención hacia esta manifestación de la criminalidad, a la que se han adjudicado todas las culpas y el móvil de todos los delitos.

 

            Pero el índice oficial de la eficiencia en la lucha contra la delincuencia excluye las evidencias de corrupción que involucran a los colaboradores de Felipe Calderón, amigos e incondicionales, como Juan Camilo Mouriño, el fallecido Secretario de Gobernación, y Genaro García Luna, actual Secretario de Seguridad Pública.

 

            Fernando Martí fue contundente cuando lanzó el dilema: o cumplen o renuncian; Nelson Vargas exhibió la podredumbre en las instancias encargadas de la investigación de los delitos; Isabel Miranda de Wallace indicó que “México Unido Contra la Delincuencia” -organismo infiltrado y cooptado por el propio Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública-  monopoliza la información sobre los casos de inseguridad en el país.

 

            Las denuncias, ciudadanas y públicas, terminarán en el cajón de los olvidos, como las cartas de Javier Herrera Valles, ex comisionado de la Policía Federal Preventiva que señaló las anomalías en la Secretaría de Seguridad Pública, ahora sujeto a arraigo.

 

            Es evidente que el criterio rector en el calderonismo es el apoyo incondicional a los incondicionales y que la impunidad es el único adjetivo para describir lo indescriptible; es obvia la existencia de esa atmósfera que repele y excluye cualquier atisbo de la realidad, porque en esa burbuja presidencial, la justicia y la paz social se postergan por  la comunión de intereses y el apoyo incondicional…    

 

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Dimensión y paradoja

En algún lugar de la estadística, donde la realidad se desplaza de  las cimas a las depresiones en una  campana de Gauss, la desventura se traduce en porcentajes, las carencias se distribuyen en rangos; pero esa conversión no pondera los niveles de la demagogia, ni los grados de la indefensión…

 

            Dicen los que saben que la contundencia de las cifras reside en los parámetros, porque las ponderaciones dependen de los rangos de la interpretación, y que por eso, el manejo pernicioso de los números produce cantidades discrepantes con la realidad.

 

            Una de las cifras más esquivas en la administración pública es el número de los habitantes que sobreviven en la pobreza. La cifra negra de la miseria suele eludirse en un cuadro sinóptico de los niveles de la pobreza, en la clasificación de las carencias. En petulantes categorías, la pobreza se identifica con el nivel de ingresos, con la ausencia de propiedades, con la carencia de los satisfactores vitales; sin embargo,  esa fría clasificación no se considera el grado de la desesperanza, las expresiones de los vicios y la imperiosa necesidad de eludir la cruel realidad.

 

            Recientemente, el  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), realizó cambios sustanciales en la metodología para la medición de la pobreza; las modificaciones produjeron una reducción insólita y se borraron de la sumatoria tres y medio millones de mexicanos en condición de pobreza.

 

            Atendiendo al criterio establecido en  la Ley de Desarrollo Social, se añaden a los parámetros de la pobreza una serie de indicadores  relacionados con el acceso a la seguridad social. La nueva metodología establece una medición multidimensional, y ahora, la pobreza se desplaza por debajo de los 64 pesos de ingreso diario y se manifiesta en la carencia de alguno  de los derechos sociales: acceso a la salud, educación, espacio en la vivienda, seguridad social.

  

            La ponderación multidimensional pretendía diversificar los rangos de la pobreza para eludir la cifra catastrófica de las políticas públicas, el efecto inmediato fue la reducción del padrón de la pobreza; no obstante, la aplicación de los factores y las  dimensiones produjo una paradoja espontánea y se incrementó el indeseable nivel paupérrimo del jodidismo.

 

            La perspectiva multidimensional refleja una magnitud inesperada de la pobreza, la cáustica desigualdad en los niveles del bienestar social y exhibe el fracaso del asistencialismo. El programa Oportunidades es un soberano fracaso, porque no ha aliviado el flagelo de la miseria.

 

            La crueldad de esta paradoja estriba en que la pobreza no es una prioridad en las políticas públicas: las carencias y la indefensión sólo son el argumento principal del discurso proselitista. Los pobres existen para el régimen únicamente en tiempos electorales.

 

La pobreza continuará expandiéndose en un régimen donde predomina la ausencia de sensibilidad social, que traduce la desventura en porcentajes, que   distribuye las carencias en rangos, que  elude  los niveles de la demagogia y  los grados de la indefensión…

 

Un régimen sin adjetivos

“En una jerarquía,
todo individuo tiende a ascender
hasta su nivel de incompetencia

 Laurence J. Peter

 

           

En algún lugar sobre la cima del poder, una nebulosa impregna el ambiente y obstruye el entendimiento; por eso, en la cúspide social, la visión de la realidad se tergiversa y la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…

 

            La titularidad del Ejecutivo representa el nivel  más elevado en la jerarquía social, es el objetivo de todas las trayectorias en la clase gobernante. Sin embargo, los mecanismos del ascenso en la jerarquía política obedecen a la tensión entre los adversarios, a los intereses  y compromisos adquiridos y a una serie de contingencias e imponderables esquivos.

 

            Como una secuela del marketing político, el ascenso a la presidencia de la república no garantiza la excelencia del candidato en la contienda electoral; el vencedor en los comicios electorales suele ser un personaje mediático que logra despertar la esperanza del electorado, una imagen prefabricada, diseñada para atraer simpatías y votos.

 

            En cuanto el personaje asume el mandato presidencial: se diluye la imagen que lo llevó al poder, y a partir de ese momento, se confirma paulatinamente el Principio de Peter y la presidencia se erige como el nivel de incompetencia (1). La función de los consejeros que asesoran al mandatario es atenuar la asimetría entre el cargo y la eficiencia del titular. El círculo inmediato que envuelve al mandatario también es el filtro que decodifica los mensajes provenientes de la realidad.

 

            Por eso, las críticas al régimen y los adjetivos que descalifican el desempeño de la administración pública suelen desvanecerse en la atmósfera que envuelve al poder.  Es posible que el mandatario permanezca ajeno a la realidad, que no pondere los efectos de decisiones erróneas porque la verdad es un elemento excluido o encubierto en ese entorno. Sólo así puede explicarse la providencial omisión mediática de  la rechifla masiva como seña de repudio a Felipe Calderón en la inauguración del estadio del equipo Santos de Torreón (2).

 

            Pero la contundencia de la realidad es inexorable: si el círculo del poder la contiene y la excluye, trasciende las fronteras y emerge en el ámbito internacional: El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, declaró que el gobierno de Felipe Calderón aplicó las peores medidas contra la crisis económica mundial (3). Y la empresa de inteligencia estratégica Stratfor, divulgó una monografía geopolítica de México titulada “Un estado montañoso bajo asedio”, donde se afirma que “la guerra contra las drogas puso al país en conflicto consigo mismo en muchos niveles, que si la violencia se prolonga, el gobierno deberá escoger entre continuarla o regresar al viejo sistema de aquiescencia inclusiva” (4).  

                                                                                                                                                                                                                              

            Las críticas desde el exterior son las consecuencias de la anulación sistemática de la crítica interna; la adjudicación de adjetivos a un régimen que desvanecía todos los descalificativos, es un proceso inexorable. El presidente del empleo se convirtió en el paladín del desempleo, el prometido remanso tributario se transformó en una irracional carga impositiva para el sostenimiento de un ineficiente aparato burocrático, la lucha contra la delincuencia organizada ha sido una costosa quimera (5).

 

Los adjetivos omitidos y eludidos adquieren forma y consistencia;  la ineficiencia, la impericia, la ingobernabilidad  y la incompetencia son los calificativos de un estado fallido. La realidad soslayada emerge  y desvanece esa  nebulosa que impregna la cúspide social, donde  la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…

 

  (1)  Laurence J. Peter, Raymund Hull. El Principio de Peter. http://www.librosmaravillosos.com/principiopeter/index.html

(2)  Álvaro Delgado. Razones para rechifla. Proceso 16 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=73983

(3)  Jorge Carrasco Araizaga. Vergüenza ante el mundo. Proceso 20 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=74153

(4)  José Carreño Figueras. Ven posible renuncia a la guerra anti narco. Excélsior 22 de Noviembre del 2009. http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/pulsonacional/ven_posible_renuncia_a_la_guerra_antinarco/786401

(5)  José Antonio Rojas Nieto. Entre el fracaso y la desvergüenza. La Jornada 22 de Noviembre del 2009. http://www.jornada.unam.mx/2009/11/22/index.php?section=opinion&article=025a1eco

 

 

Fervor revolucionario

“El sueño es la mitología privada del durmiente.

Los mitos son los sueños despiertos de los pueblos.”

Paul Ricoeur

 

 

            En algún lugar remoto, entre las peripecias gloriosas del pasado,  se inició la configuración de los mitos oficiales y la alegoría de los rituales nacionalistas;  entonces, en la esencia revolucionaria del régimen surgió la identidad de un pueblo… 

 

            Dicen los que saben que la Revolución mexicana es una construcción simbólica, que se confeccionó para legitimar a los vencedores de los conflictos armados;  afirman que el mito revolucionario es el cimiento en la edificación del imaginario colectivo, y que por eso, la mexicanidad se funde con los rituales de la historia oficial (1).

 

            El próximo 20 de Noviembre,  inicia la cuenta regresiva hacia el centenario de la Revolución mexicana, gesta social de la que emergió la ideología del Priato. El entorno político en el que se realizarán los festejos es evidentemente ajeno a los conceptos revolucionarios, el régimen calderonista se ubica en el extremo opuesto del imaginario colectivo y se dispone a celebrar un rito popular del pasado con la frivolidad de un espectáculo multimedia en la era del mercado.

 

            Sí!… es inevitable. El tiempo siempre transforma las ruinas, y las proezas del pasado que ahí sucedieron, en un atractivo turístico. Sobre todo ahora, cuando el imperio de la ficción se expande a todas las esferas de la vida. El implacable efecto del tiempo atenúa la intensidad de los ideales, disuelve la sangre y el sufrimiento, y finalmente, extingue la llama que enardeció  convicciones humanistas y patrióticas.

 

            Hoy por hoy, casi a cien años de distancia, en la mexicanidad confluyen semejanzas y diferencias: el pasado se actualiza en la desesperanza y el hartazgo que merodean en el imaginario colectivo, la distancia entre la justicia social y la realidad cotidiana se expande; la diferencia reside en la posibilidad de una sublevación generalizada, que ahora deambula entre los rangos de lo improbable.

 

            En perspectiva, los grandes triunfos  de los postulados  de la Revolución mexicana provocaron un desencanto descomunal. Pero aquella convicción  de la intervención de las masas como el  detonante que incidiría en un régimen equitativo y justo,  y en el mejoramiento de las condiciones de vida, se desvanece inexorablemente.

 

            Las voces que equiparan las circunstancias actuales con el clima en la víspera de la gesta revolucionaria y que alertan de un inminente estallido social, aquellas encuestas que  han deslizado la posibilidad de la intervención de las boinas azules de la Organización de las Naciones Unidas en México, los argumentos que enfatizan la imperiosa necesidad de un estado militarizado para combatir al crimen organizado, no enarbolan convicción social alguna, porque  obedecen a las estrategias elementales del control ideológico: esparcir un temor infundado para modificar las tendencias en la opinión pública.

 

            La justicia social, ese reclamo ancestral en todas las coordenadas de la historia, yace en un rincón del imaginario colectivo, es un ideal surrealista que deambula en el sueño de los justos, que contempló impasible las expresiones monumentales del fervor revolucionario,  que se confundirá en la inundación de luz y sonido en un espectacular despliegue de la tecnología del entretenimiento, que se desvanece en la ritualidad donde alguna vez  surgió la identidad de un pueblo…  

 (1)  Macario Schettino. (2007). “Cien años de confusión. México en el siglo XX”. México; Editorial Taurus.

Advenimientos del pasado

 

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.”

Carlos Marx

 

 

 

            En algún del relieve,  sobre el mismo camino donde se proclamaron las victorias, en el mismo sendero de los regresos sin gloria, en ese mismo suelo,  han transitado  los especímenes de la humanidad, y en la misma atmósfera, se han esparcido las versiones del pensamiento…

 

            Dicen los que saben, que el tiempo es relativo, que el único elemento inconmensurable es la estupidez humana, y que la historia es una espiral excéntrica de ciclos repetitivos hacia el infinito, que por eso, cuando las tragedias se repiten lo hacen  como una  vulgar comedia.

 

            Invariablemente, en las transiciones históricas se producen cambios irreversibles, se altera la puntada del tejido social, se rompen paradigmas y se hilvanan modelos alternos. La posmodernidad ha sido una época de intermitencias y emergencias, de advenimientos y rupturas.

 

            Rasgos del pasado remoto resucitan  en versiones posmodernas;  modelos sociales diferentes y remotos se amalgaman en los paradigmas actuales  porque el único elemento que no ha registrado cambios a lo largo de la historia es la esquiva condición humana.

 

            Hoy por hoy, cuando la inseguridad y la violencia  amenazaron la vida y la integridad de los ciudadanos, resultó  insuficiente la capacidad  de adaptación a un entorno hostil y caótico, y por eso,  se ha reactivado  el instinto de conservación.

 

            El estado-nación no ha cumplido con las responsabilidades elementales establecidas en el contrato social, por eso, las elites se concentran en espacios fortificados emulando los señoríos feudales, mientras  la población se protege con lo que puede.

 

            Mauricio Fernández,  alcalde del municipio de San Pedro Garza García, en el estado mexicano de Nuevo León, donde reside la cúpula empresarial, heredera indiscutible de los privilegios de la aristocracia porfiriana, proclamó el advenimiento de aquel legendario derecho de venganza que permitió imponer el orden  durante la barbarie.

 

            Las reacciones oficiales fueron tardías, tibias y endebles, pero los escuadrones de limpieza en San Pedro Garza García, feudo de la  burguesía industrial del siglo XXI, constituyen la evidencia de las acciones emprendidas por un sector de la sociedad  para erradicar la amenaza del crimen organizado.

 

            En un estado fallido  como titular del monopolio de la violencia, emergen modelos alternos de justicia. La existencia de grupos justicieros, que nos remite a tiempos caóticos, tiende a propagarse: los matazetas en Veracruz, el Comando Ciudadano por Juárez en Chihuahua, los comandos blancos en la Ciudad de México y en Tijuana.

 

            Y en este ambiente de confusión, en la clase gobernante y en las élites se elevan voces alertando de un estallido social, pretendiendo emular el llamado patriótico de los humanistas del siglo XVIII.  La farsa es inminente.

 

Ignorando que la repetición de  aquellos movimientos sociales será tan sólo una comedia, se afanan en agudizar  la desesperación de una población flagelada por la pobreza, transformada en un lumpen del mercado, que deambula en el mismo suelo donde  han transitado  los especímenes de la humanidad, y que sobrevive en la misma atmósfera donde  se han esparcido las versiones del pensamiento…

La última vez

         En algún lugar de la geografía existencial, la república de la vida es una nación extensa, pletórica de paisajes conocidos y caminos recorridos; pero más allá de la frontera del ámbito vital, yace un territorio inexplorado e inexpugnable, inmenso e inconmensurable…

 

         Dicen los que saben, que sólo se ama lo que se conoce, que se ama la vida al vivirla y que se inmortalizan las vivencias al contarlas; que por eso, el amor a la vida se traduce en el desprecio a la muerte y suele esquivarse esa  idea fatal. Por el positivismo congénito del pensamiento, los seres humanos postergan la posibilidad del fallecimiento a un futuro impreciso y remoto.

 

          La fatalidad del destino de todos los seres vivos es una contingencia lejana, una ínfima probabilidad. Por eso, durante el curso de la existencia se atesoran, en el corazón y en la memoria, todas las primeras veces: el primer noviazgo, el primer carro, el primer empleo, los primeros pasos de los hijos, sus primeras palabras, sus primeras letras, y también,  los primeros nuncas.

          El registro de las primeras veces es una operación deliberada que magnifica un evento en virtud de las transformaciones que provoca, en función del concepto de la vida como una condición  garantizada, continua, irrevocable.

 

         Pero al margen de las primeras veces, acontecen y se suceden  mil y un eventos, una infinidad de gestos y palabras, una miríada de afectos y efectos, que pasan desapercibidos por su frecuencia.

 

         Cuando aparece la figura esquiva de la muerte y eleva la ausencia al rango de la perpetuidad, muchos  eventos adquieren una importancia inusitada porque se rescatan de la cotidianidad y se registran como la última vez. 

 

          Es entonces cuando el último abrazo se transforma en una sensación etérea, cuando el eco de las últimas palabras se instala en el corazón, cuando la última mirada impregna la memoria. Y la figura de la muerte se incorpora a la cotidianidad, y la ausencia física se transforma en una presencia abstracta, y las fronteras de la vida se hacen  tangibles, y la vida adquiere una dimensión finita y vulnerable,  y el territorio inhóspito de la muerte, antes lejano y remoto, se erige a un suspiro de distancia.

 

          En un momento impreciso se reordenan las ideas y los recuerdos, las últimas veces se anteponen a las primeras, se ponderan las vivencias y la condición humana se concentra en un entorno perceptivo pretendiendo comprender lo inescrutable.

 

          Pero la barca de Caronte aguarda impasible. Hasta el día de hoy, ninguna deidad ha sido capaz de interferir con la fatalidad del destino y reorientar el desenlace de la vida humana. Aún ahora, la única certeza existencial indica que el ser humano es un maravilloso compendio de células y elementos, configurado con el mismo material con que se tejen los sueños.

 

            Yo? … Llevo grabada la última vez que abracé  a mi hermana Cuquita; y  a veces, puedo escuchar su voz diciendo mi nombre. Y… sí!  Quiero creer que en la primera noche de noviembre las fronteras se desvanecen y los planos de la existencia se traslapan. Quiero creer que esa noche, ella  emigrará de un territorio inexplorado e inexpugnable, inmenso e inconmensurable… para darme otro abrazo…

 

            En algún lugar de la lógica, en los niveles elementales del raciocinio, se postula la existencia del umbral de las certezas; y en esa tenue frontera se  determina la condición pública de las verdades…

 

            El impacto de los medios de comunicación masiva reside en su capacidad para   condicionar la opinión  pública, para moldear  percepciones e infundir aprehensiones. Por eso, la consolidación de  la mediocracia  como el cuarto poder modificó los rangos de la realidad y reconfiguró el ámbito de las falacias.  

 

            Por obra y gracia de la divulgación mediática, las imprecisiones adquieren contundencia cuando se propagan y se esparcen;  una vulgar mentira se transforma en una verdad absoluta cuando aparece una y otra vez en el discurso mediático. Las ideas, por disparatadas que parezcan, adquieren veracidad por el efecto de la repetición  y las incertidumbres se configuran como certezas en cuanto se difunden.

 

            Recientemente,  la idea de un posible estallido social ronda los titulares de prensa y aparece en la declaración de personajes públicos: el rector de la UNAM, José Narro,  el presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, Gustavo Rodríguez Vega, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) Armando Paredes.

 

Esta preocupación ha sido compartida por la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, y por el ex candidato presidencial perredista Andrés Manuel López Obrador. El  secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, admitió que es preocupante el riesgo de un estallido social.

 

La idea de la subversión persiste: el Sindicato Mexicano de Electricistas reiniciará el 30 de octubre la primera jornada civil de resistencia a escala nacional con plantones y cierres intermitentes de instalaciones públicas.

 

Además, la historia amenaza con repetirse: ante una miscelánea tributaria aberrante, líderes empresariales y obreros advirtieron al Senado que, de no corregirse el alza de impuestos, puede darse un estallido social en 2010.

 

En estas circunstancias, es  imperativo identificar a quienes han externado  el temor por un estallido social, todos ellos son  personalidades públicas con acceso  a los medios de comunicación: integrantes de la clase política, de la jerarquía católica, de la cúpula empresarial.

 

En éste afán  por condicionar la percepción social, el ejercicio del discernimiento es el único conjuro para  los efectos idiotizantes de la mediocracia. La exposición reiterada de un argumento endeble pretende esparcir la sensación de inestabilidad, generalizar el temor para justificar una respuesta del estado, hasta hoy impredecible, para conjurar amenazas invisibles; al propagar ese temor inverosímil se  traspasó el umbral de las certezas, y entonces, un barrunto se adjudicó la condición pública de las verdades…

 

Grietas y resquicios

En algún lugar de la inflexión, donde la curvatura se desplaza hacia una perspectiva diferente, los efectos de alejan de las causas  y  las razones se tornan obtusas; cuando la inflexión es superlativa, aparecen grietas y resquicios en la contundencia de la razón…

 

            Cuando una decisión se sustenta en razones inobjetables, suelen ser innecesarias  las justificaciones;  cuando se decide atendiendo al bien común, la contundencia de los motivos no admite  resquicios ni recovecos por los cuales se filtren las sospechas; la toma de decisiones razonadas determina un punto sin retorno, y por eso, las reconsideraciones y las negociaciones son las secuelas de la irreflexión.

 

            En la liquidación de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro (LyFC) intervinieron: la lógica matemática y económica como una razón incuestionable; el conflicto del estado con el sindicato como un motivo ineludible; pero la necesidad de consolidar al estado como el titular del monopolio de la violencia es una justificación mezquina. La súbita desaparición de LyFC adquirió dimensiones sociales debido al desarrollo subrepticio del proceso, y fue entonces cuando las razones se debilitaron y se filtraron las suspicacias.

 

            Cuando una decisión es oportuna, prudente y razonada no admite reconsideraciones, ni retrocesos,  ni la más tenue recapitulación. La insólita disposición de los secretarios de Economía y Trabajo  para dialogar con el sindicato de una empresa extinta y liquidada, denota una debilidad argumentativa,  además, las propuestas de los secretarios  exhiben  la aprehensión  del estado ante cualquier indicio de ingobernabilidad.

 

            El calderonismo se legitimó por la lealtad incondicional de las fuerzas armadas y ha  pretendido consolidarse en una cruzada contra el crimen organizado, se ha  esparcido la sensación de vulnerabilidad  a todo el territorio nacional para militarizar las regiones hostiles y adversas al régimen; pero la estrategia calderonista no consideró la emergencia de la tensión social generalizada.

 

            El criterio calderonista enfatiza el miedo generalizado por la inseguridad galopante y la violencia exacerbada para justificar la adopción de medidas autoritarias implementadas por la fuerza pública. Pero este férreo criterio tiene una grieta: no contempló la posibilidad de provocar el descontento  de la ciudadanía. Así lo demuestran las iniciativas del ejecutivo en materia fiscal y el procedimiento para la liquidación de LyFC.

 

            Mientras la ciudadanía sólo sea considerada como una fuente de ingresos para el estado, persistirá el riesgo de ingobernabilidad; porque cuando  la población  percibe los matices despóticos en el  estado, se agudizan la tensión y el repudio que se filtraron por las grietas y los resquicios en la contundencia de la sinrazón…

En algún lugar de la oscuridad, por debajo del nivel de la conciencia, se deslizan las huestes incondicionales del régimen; cuando las decisiones se toman en secreto y las acciones se ejecutan por la fuerza, se vislumbran los matices del pasado… 

 

            La liquidación de la compañía estatal Luz y Fuerza del Centro (CLyFC) será un evento determinante en el calderonismo: esa fecha se registrará en las crónicas de la política mexicana como el retorno del estado impositivo, será un hito en la historia de las causas populares, y reafirmará la posición de nuestro país en el mercado global.

 

           

Dicen los que saben, que en la política la forma es el fondo: los elementos de la fuerza pública llegaron a las instalaciones de la compañía en cuestión el sábado por la noche, cruzaron la ciudad a bordo de autobuses de turismo particulares; el decreto de la liquidación de la CLyFC se emitió en el portal del Diario Oficial de la Federación un minuto después de la incursión de las fuerzas federales.

 

 

Los argumentos esgrimidos en el decreto de liquidación de la CLyFC son esencialmente económicos; se alude a la evidente ineficiencia de la compañía, al monto estratosférico de las transferencias del presupuesto federal, y a las exigencias de un sindicato envanecido.

 

            Esos son motivos más que suficientes para liquidar, en toda la extensión de la palabra, una empresa ineficiente y onerosa, como lo fueron las 775 paraestatales que fueron desincorporadas del gobierno federal durante el Priato en la década de los 80`s:   227 empresas  por la vía de la liquidación, 145 por extinción,  85 por fusión, 30 por transferencia y 238 por venta [1].

 

            Sí!… La comparación es inevitable, porque los motivos y el procedimiento (léase: madruguete) actualizan el estilo del  Priato en los tiempos de un estado férreo, titular indiscutible del monopolio de la violencia,  erigido con lealtades contractuales y complicidades financieras.

 

Hoy por hoy, la mejor manera de terminar un conflicto con un sindicato incómodo, beligerante e insidioso,  es liquidando a la empresa. Tal vez, esta sea la implementación de la postergada reforma laboral. Los objetivos serán todos los gremios y sindicatos que no se han postrado ante el calderonismo.

 

Porque todas las evidencias indican que este régimen pretende erigirse como la edición corregida y aumentada del presidencialismo institucionalizado del Priato: en el primer minuto del sexenio recibió el apoyo incondicional del ejército; la estructura del gobierno obedece a una jerarquía de lealtades incondicionales, y el estado se asume como una entidad económica con fines de lucro.

 

 

Detrás de la liquidación de la CLyFC yacen kilómetros y kilómetros de fibra óptica  incluidos en una concesión [2], la determinación del estado calderonista de erigirse como la autoridad de facto, la vigencia de un lenguaje represivo que tiende a liquidar, desmantelar, recortar, eliminar y reducir todo aquello con funciones públicas que no produzca ganancias [3].   

 

            A un régimen erigido con la contundencia de la fuerza pública, poco le importan los disturbios y las marchas de contingentes beligerantes, ni la súbita solidaridad que éste incidente ha provocado entre los grupos de la pseudo oposición, y mucho menos  la tensión social que se agudiza, porque a través de sus decisiones  y acciones  se vislumbran los matices del pasado… 

 

 

 

 [1] El estado. Políticas económicas, entidades paraestatales y desarrollo industrial en México. Un análisis retrospectivo. Alejandro Lambretón Narro. Universidad Autónoma de Nuevo León.  http://cdigital.dgb.uanl.mx/te/1080071298/1080071298_03.pdf

 [2] Calderón y el SME: La guerra por la fibra óptica. Rosalía Vergara. Proceso. 11 Octubre 2009. http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=73054

 [3]  Díaz Ordaz, Lozano y Gómez Mont. Acentos. Jorge Medina Viedas. Milenio. 2009-10-11. http://impreso.milenio.com/node/8655294

 

 

Imagen y semejanza

En algún lugar del régimen,  donde se trazan las tendencias, también se emiten las actitudes  y los criterios predominantes; por eso,  en todos los bastiones del poder se refleja la imagen del ejecutivo  y se reproduce  la voluntad oficial…

 

            Una de las atribuciones del poder  consiste en construir e instituir  la imagen de sus adeptos a semejanza del líder. Cada régimen inicia con un lema que engloba las aspiraciones del proyecto gubernamental, cada sexenio surge un  nuevo logotipo para el poder ejecutivo y el criterio  del presidente se instituye como el dogma del régimen.

 

            Así fue durante el Priato y así es en el calderonismo; en este régimen con aspiraciones trascendentales, se actualiza la vigencia de la ancestral línea presidencial, se le confiere un carácter inflexible y se impone en todos los niveles del gobierno panista.

 

            La evidencia de esta línea impositiva fue el reciente informe de gobierno en el estado de Baja California, donde se realizó el protocolo instituido por el ejecutivo  para la entrega de la glosa del informe en el congreso, y donde  el gobernador reflejó la imagen del panismo rampante y reprodujo la voluntad presidencial  en un protocolo semejante,  en un discurso y un contexto estrictamente controlados y en una secuela de mensajes mediáticos.

 

            La contundencia de la línea es evidente: en la versión bajacaliforniana del informe de gobierno, como vocero del panismo nacional, el gobernador pidió  apoyo a las iniciativas del presidente.  Y así, en una evidente dualidad, la figura del gobernador se erige con la sumisión a su presidente y con la lealtad incondicional a su partido… no! … las necesidades y aspiraciones de los bajacalifornianos no inciden en ninguno de sus rasgos. 

 

            Después de pronunciar el mensaje a panistas distinguidos de la entidad, José Guadalupe Osuna Millán,  el gobernador de Baja California, se instaló con su comitiva en un crucero de la ciudad para repartir volantes alusivos a su informe, a su gobierno, y por  antonomasia inexorable, a su partido.

 

            Ese baño de pueblo del gobernador fue el ingrediente proselitista que aderezó la fórmula emitida desde Los Pinos, pero también, fue la manifestación de las prioridades del régimen: construir un frente común de incondicionales rumbo a las próximas elecciones para consolidar al panismo en el poder.

 

            La línea presidencial y las prioridades del régimen fueron los fundamentos del informe del gobernador;  su discurso fue la manifestación de las inercias del poder, de la sumisión al criterio presidencial, y de la inexistente autonomía de Baja California como estado libre y soberano en un  pacto federal que pretende cohesionar a los bastiones del panismo, donde  se reproducen, al pie de la letra, la voluntad oficial y la imagen del ejecutivo…

La bóveda de los artilugios

En algún lugar de la parafernalia, en los niveles subrepticios de la ignominia existe una bóveda imperturbable; en ese recinto del artilugio, se escriben argumentos, comedias,  falacias, y se diseñan perfiles y estratagemas para la inminente contienda por el poder…

 

            El tercer informe de gobierno de Felipe Calderón es el inicio extra oficial de la contienda por la presidencia en el 2012;  en cuanto concluyó la cobertura mediática de la tercera edición del Nuevo Día del Presidente, en todos los rincones del espectro político se iniciaron, con singular alegría, la confección de los discursos proselitistas y el diseño de los perfiles y carismas de los protagonistas potenciales en la contienda electoral.

Escrito en México, el 20 de septiembre del 2009 

            Allá, en los recovecos del ingenio, los artistas de la política se esmeran, se desvelan y se afanan para cautivar al electorado, los prestidigitadores de la manipulación esgrimen todos sus trucos, y las primicias de su creación ya se perciben en el ambiente.

 

            Con la investidura de las víctimas y la vocación de los mártires, en Acción Nacional se disponen a explotar la debacle electoral del 5 de Julio como un aliciente: pondrán en marcha el plan de reestructuración y refundación del partido, resucitando a la Comisión Política.

 

            En el extremo opuesto del espectro político, pero en una posición ambigua, en el Revolucionario Institucional  se ejerce la disciplina como sinónimo de fortaleza y ya se vislumbran los paladines de la próxima contienda: la cobertura mediática del informe y las acciones del gobierno de Enrique Peña Nieto se equipara a la divulgación del mensaje calderonista.

 

            Mientras tanto, en al margen de la partidocracia se reconstruyen imágenes deterioradas. Ya se configura una versión caricaturesca de la pseudo izquierda mexicana: en el marco del Primer Encuentro Nacional del Movimiento Juvenil por la Esperanza, una celebridad de la corrupción mediatizada, René Bejarano, asume el papel de redentor incomprendido y nunca bien ponderado para congregar a las huestes que habrán de ungir a López Obrador. Y en la ubicuidad relativa,  miles de tijuanenses respondieron a los llamados de la Fundación Por Ayudar de María Elvia Amaya de Hank y la Fundación Televisa, al acudir a la tarde de toros para la que fueron convocados con el propósito de recabar fondos para causas sociales.

 

            Sin embargo, aunque se pretendan ocultar los verdaderos motivos del espectáculo político, en los entretelones del escenario deambulan  crueles y mezquinas intenciones:  secuestrar la reflexión, esparcir mitos desplegando las espirales del silencio, distorsionar la percepción ciudadana y adquirir a bajo costo la simpatía de los electores.

 

            En estas circunstancias, la opinión pública se configura precariamente entre la discrecionalidad informativa y el pánico artificioso, ante la amenaza de pandemias biológicas y sociales, por la acción inexorable de virus sociales y vicios letales en la víspera de un invierno de desconsuelo.

 

 

Sí!… La producción de sainetes avanza aceleradamente, corren ríos de tinta en la redacción de las diatribas, la creatividad alcanza los niveles superlativos del paroxismo porque el afán manipulador es inclemente. Es preciso encubrir las aristas  imperiosas del dominio, y para lograrlo, se escriben argumentos, comedias, falacias, y se diseñan perfiles y estratagemas para la inminente contienda por el poder…

 

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